BOXEO: HE NACIDO PARA NO SER

BOXEO: HE NACIDO PARA NO SER

Sólo son dos siluetas en un cuadrilátero, bailando bajos unos gigantescos focos de luz. Sólo son dos hombres que anhelan el tacto áspero de la eternidad. Sólo son dos hombres que viven por un sueño. Sólo son dos pájaros que intentan impulsar su vuelo, con la fiebre de sus insomnios. Sólo son dos sombras que no quieren disiparse en los suburbios de una gran ciudad. Sólo son dos nombres que no desean morir en una alcoba vacía, con las sabanas manchadas por los dátiles del amor venal.

BOXEO: HE NACIDO PARA NO SER

No importa vencer o perder. Lo importante es huir de la angustia de vivir. Sólo son dos siluetas, pero nuestro destino es un hilo que se debate entre sus manos. Sólo son dos púgiles con una ceja rota y las costillas doloridas, pero su lucha nos mantiene despiertos. Sólo son dos siluetas en un cubo de luz, pero su lucha es la de todos los que pelean contra los límites de nuestra carne humillada por el tiempo. Sólo son dos siluetas que bailan sobre una niñez desdichada. Subir a un cuadrilátero significa mirar al sol y soportar que tus ojos se conviertan en dos lágrimas negras. Los boxeadores escriben sobre su cuerpo. Boxear es como desenterrar una tortuga amarilla y descubrir en su concha la caligrafía de una vieja deidad fenicia. Los boxeadores son ahogados que han conocido la ternura de los arrecifes y añoran la caricia de las algas y la transparencia de las medusas.

BOXEO: HE NACIDO PARA NO SER

Nunca he subido a un cuadrilátero, pero conozco los zarpazos de una tristeza inextinguible. Durante mis insomnios, me pregunto si mis horas pobladas de muertos se parecen a la confusión del boxeador que sólo conserva una hebra de conciencia. Un cuadrilátero es una intersección entre la noche y la nada. Es el lugar donde se mide el tamaño de tus sueños. Es el escenario donde se evidencia la magnitud de tus pérdidas. A veces, cuando me despierto y pienso que las sábanas me han absuelto un día más, fantaseo con vendarme las manos y hacer ejercicios de calentamiento. No me considero un luchador, sino una sombra enredada con otra sombra, intentando averiguar si es posible vivir más de una muerte. Miedo de ser dos significa miedo de morir una y otra vez, con los ojos arrasados por un adiós interminable. Miedo de ser dos significa saber que no es posible pedir socorro, cuando estás atrapado en un sueño sin fondo. El cuadrilátero es ese sueño, pero no quisieras estar en otro lugar. El cuadrilátero es un corazón que espera a sus amantes, dispuesto a dejarse pisotear, pues sabe que la ternura nace del frenesí de dos cuerpos impacientes por arañarse y escupirse con la pasión de un pájaro ebrio. El cuadrilátero es un barco de papel donde viajan dos mendigos con los andrajos de una vida inacabada. Aunque el cerebro se balancee como un ahorcado y la sangre grite como una bandada de cuervos, sabes que no hay otro hogar para los que huyen de sí mismos. El boxeador sabe que la belleza hiere y mata. Por eso prepara su muerte con la delicadeza de un lirio que no tiene miedo al invierno. El boxeador es un niño en una campana de cristal, que observa el vuelo de un mirlo. 

BOXEO: HE NACIDO PARA NO SER

Ahora estoy solo en el cuadrilátero, luchando contra mis miedos y mis insomnios. Tengo la sensación de que podría abrazar a mi sombra y morir en su pecho, como un río que al fin llega a la costa, extenuado y con el color del cielo tatuado en su piel. El cuadrilátero es la noche que comienza cada mañana y me escribe con sus alucinaciones diurnas. Oigo los graznidos de una bandada de gaviotas, batiendo sus alas sobre mi mente despavorida. El cuadrilátero es una casa negra, con ojos de bestia moribunda. He nacido para no ser. He nacido después de mi sombra, que me aguardaba sobre la piedra del sueño, con sus ojos ausentes y sus manos de niño enfermo. He nacido para hundirme en las arenas movedizas de un poema sin rostro. He vivido bajo una lluvia de visiones, escrutando las grietas de mi alma y la mímica de los enajenados. No he podido evitar que la vida me desollara como a un buey, mostrando mis entrañas de ángel tullido. Mis días discurrieron entre dos soles aciagos que me condenaron a una ceguera prematura. Mi ilusión era fulgurar en la mirada de una niña con el pelo incendiado, pero esa niña no nació porque yo no quise cometer el crimen de añadir más vida a un mundo de afrentas y podredumbre.  Boxear es morir de vértigo dentro de un laberinto con forma de caracola marina. 

BOXEO: HE NACIDO PARA NO SER

Ya no hay nada más que decir. Sortearé las cuerdas y bajaré del cuadrilátero, sin ignorar que nadie me espera para curar mis heridas. Ahora debe hablar la oscuridad.

BOXEO: HE NACIDO PARA NO SER

RAFAEL NARBONA

Esta entrada fue publicada en RELATOS.
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