“Apología y petición”

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El miedo, que malo es el miedo, que triste es el miedo, que grande es el miedo; tan grande que, a veces, lo llena todo: las calles, las casas, las palabras, las urnas, las cuentas corrientes, los cajones, las manos y los ojos, el cerebro y el corazón.
Y “en este país de todos los demonios”(*), seguimos siendo víctimas del miedo, un miedo que tiene muertos, hambre, dolor, campos de concentración, tiro en la nuca, maltrato, cuentas vacías, viviendas vacías, personas que viven en las calles, dolor, dolor, dolor, dolor.
¿Cuándo dejaremos de tener miedo al miedo? Miedo a los refugiados, miedo al brexit, a que nos quiten lo poco que tenemos, a que les quiten lo mucho que tienen, a que nos bajen el salario, a que les suban los impuestos, a que algo cambie, porque es mejor lo malo conocido…, porque a mí qué me importa, porque es mejor quedarse en casa, incómodos, tristes, aburridos, que salir a la calle y cambiar el paisaje.
El miedo es una pesadilla que se instala en los países tristes, en aquellos países que nunca se curaron de guerras fratricidas, de humillaciones múltiples, de mano dura, palo y represión.
Las victorias del miedo, no son vitorias, son historias que engendran nuevos miedos y exigen del valor de los valientes que sigamos luchando para olvidar el miedo y mirar hacia delante con la cabeza alta y un poema en la punta de los labios.
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Aquí está el mío. La sextina es una composición poética muy difícil, mucho. Hoy, 27 de junio de 2016, os regalo este poema “Apología y petición” de Jaime Gil de Biedma (una sextina que viene que ni pintada)

"Apología y petición"
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¿Y qué decir de nuestra madre España,
(*) este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?
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De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.
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Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.
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A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.
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Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.
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Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.
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Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

Jaime Gil de Biedma

Fuente: Nieves Alvarez

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