Vacíos

El director de cine José Luis Cuerda.
El director de cine José Luis Cuerda. LUIS SEVILLANO

Estamos llenando todo de vacíos. Le leí esta frase a José Luis Cuerda en sus apuntes para las redes sociales de estos días. Hace ya tiempo reunió sus fogonazos de ingenio en un volumen titulado Si amaestras una cabra, llevas mucho adelantado. Los españoles tenemos la tentación de hacer frases mientras se cae el mundo. Ya hace años que nos especializamos en hacer chistes para salir de la crisis, para salir de casa, para salir de misa, para salir de un problema, cuando sabemos que salir de esos sitios se hace imposible. Así que nos tiramos por la ventana de la dialéctica y la sorna, y ya vendrán tiempos mejores. Pero la frase de Cuerda llega con extrema puntualidad a este proceso sorprendente de repetición de elecciones nacionales, mientras el país anda entretenido con el fútbol, donde somos una potencia mundial de coraje y fortuna. La frase de Cuerda llega para definir un estado de las cosas con la precisión de un cirujano.

 

 
 

A nadie le gustaría saber que el cirujano, cuando te tiene abierto en la mesa de operaciones, está pensando en un chiste que tiene que contarle a las enfermeras sin falta. Pero para que el humor nazca con potencia y no con esa flácida conveniencia de lo amable, necesita generarse en situaciones de pánico. Los españoles no entienden nada y, por más que les gusta votar, no acaban de apreciar el votar por votar. Y andan los partidos pidiéndoles votar todo el rato, votarlo todo, para en realidad no votar sobre nada, sobre nada distinto a la perpetuación de los líderes al frente de sus marcas. De todas maneras no conviene caer en la desesperanza, que suele ser el estado perfecto para que te cuelen las prioridades ajenas como propias. Si malo es repetir la misma cantinela, peor aún es que esa cantinela no sea la más acorde a nuestros intereses. Así que ante el aplastamiento, la pereza y la sensación de hastío, algunos se están frotando las manos. Y los españoles se pueden permitir los chistes y las gracias, pero no la indiferencia.

Los vacíos, incluido el vacío de poder, parecen convenir y mucho a quienes se mueven con comodidad entre las decepciones y la ingravidez de la población. Nosotros bostezamos y ellos nos sacan las muelas. Estamos llenando todo de vacíos, lo ha dicho Cuerda magistralmente, pero ese vaciado algunos se encargan de gestionarlo, con el disimulo habitual de los más listos, que parece que no hacen nada nunca, que son solo relleno, pero están todo el día diseñando el pequeño mundo en que nos movemos. Que el vacío, al menos, sea nuestro.

DAVID TRUEBA

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