¿Pezón o biberón?

¿Pezón o biberón?

Hace poco rompí una lanza en esta columna a favor de la lactancia natural. Entraba así al trapo de la fogosa pugna existente entre las madres partidarias de amamantar a sus bebés y las que optan por no hacerlo. A riesgo de meterme en jardines impropios de mi sexo, cerraba yo filas, como digo, con las madres que apuestan por la teta en detrimento de las que lo hacen por la tetina, pero, al terminar mi columna, caí en la cuenta de que se me había quedado en el tintero una razón de peso y, aunque arriesgada, novedosa. Días atrás había intervenido en una tertulia literaria junto a Luis Alberto de Cuenca, Juan Antonio Ortega Díaz-Ambrona e Isabel Fuentes, y fue la última quien salió al paso de mi habitual escepticismo en lo tocante al género de la novela con un argumento que me desconcertó como desconcierta al boxeador veterano un buen guantazo asestado de repente en su mandíbula por el principiante al que se enfrenta. Dijo Isabel -bióloga de profesión además de excelente novelista- que el género literario por mí puesto en solfa, y en el que a menudo pesan más las razones del corazón que las de la razón, ayuda al desarrollo de la inteligencia emocional y enseña al lector a relacionarse con sus congéneres por medio de la empatía y no de lo indiferencia o, poniéndonos en lo peor, de la psicopatía. Quedé, como digo, tocado, y al releer, ya publicada, mi columna, reparé en que la argumentación de Isabel también cobraba sentido en el contexto de los dimes y diretes cruzados entre las partidarias de la teta y las defensoras de la tetina. Trataré de explicarlo… El contacto prolongado entre la suave y cálida piel del pecho de la madre y la boca, los ojos y las manos del bebé que se aferra a ella es alta pedagogía emocional en la que el futuro adulto aprende a entablar relaciones afectuosas con sus semejantes el día de mañana y a descartar la tentación licantrópica del homo homini lupus. Es la mía una hipótesis sin corroboración científica ni estadística, pero me atrevo a sugerir no que todos los niños criados con biberón acaben siendo psicópatas -eso sería una barbaridad y una estupidez-, pero sí que casi todos los psicópatas fueron niños que no tenían acceso al pezón. Dicho queda. ¿Mamó Anglés? Doctores tienen las iglesias del psicoanálisis, la psiquiatría y la criminología para darme o quitarme la razón.

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ

http://www.elmundo.es/opinion

Definitivamente este es un tema controversial

 

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