La tribu y el fútbol

LUIS MARTÍNEZ

La tribu y el fútbol

Cuando Humpty Dumpty usa una palabra, esa palabra quiere decir, ni más ni menos, lo que él quiere que diga. Lo importante, nos dejó dicho el personaje deAlicia, es quién manda. George Lakoff, el hombre obsesionado por el poder cognitivo de las metáforas, elaboró no hace tanto un manual divulgativo de moda (No pienses en un elefante) que intentaba dejar claro hasta qué punto los marcos mentales, según su acepción, condicionan y estructuran nuestro pensamiento. Lo que venía a decir es que las clases privilegiadas (contra ellas iba) han conseguido imponer su modelo en el inconsciente social con expresiones triunfantes como “alivio fiscal”, “cultura del esfuerzo” o “guerra al terrorismo”. Oponerse a ellas es caer en la trampa porque el Humpty Dumpty conservador acusará al contrario de querer subir los impuestos o de ser un vago terrorista.

Con los símbolos pasa lo mismo. Y con esos extraños trapos cargados de significados, también. Por la misma razón que el fútbol no es sólo un deporte ni la familia, un simple grupo de gente, una bandera pocas veces ha sido lo que es: sólo un trozo de tela. Hasta aquí, todos de acuerdo. El caso de las esteladas prohibidas en la Copa del Rey ha vuelto a demostrar hasta qué punto vivimos un estado de confusión cerca de la paranoia. La delegada del Gobierno de Madrid ha asociado un símbolo determinado con la violencia porque dice que “el fútbol no puede ser el escenario de una lucha política”. En realidad, siempre lo ha sido. De hecho, apenas es otra cosa. El deporte-espectáculo, nos guste o no, resulte más o menos estúpido, activa las aspiraciones de la tribu. Lo que hace Concepción Dancausa con su medida no es tanto atentar contra la libertad de expresión (que quizá también) como atropellar el sentido común y querer imponer, siguiendo a Lakoff, un marco mental. En un partido cuyo nombre (Copa del Rey) es en sí mismo un acto de afirmación política y hasta de tribu, se niega al otro la posibilidad de hacer lo mismo. Humpty Dumpty sólo hay uno y con este tipo de medidas pronto sabremos quién acaba en el suelo de forma que “ni todos los caballos ni todos los hombres del Rey” puedan recomponerlo.

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