La chinche en el cuello

La chinche en el cuello

Ante la oleada de palabras de los partidos, con martillo o sin él, hay que avisar a los ciudadanos: las elecciones del 26 de junio, llevadas al absurdo, pondrán a los españoles ante el dilema de votar entre la peste y el cólera, entre la corrupción y el derecho a decidir.

Lo de la autodeterminación sería un suicidio asistido por algunos partidos, que luego se echarán atrás para no ser liquidados. Y en cuanto a la corrupción, todo indica que los votantes elegirán a siglas con cientos de políticos pillados en sobornos y mordidas, como vienen haciendo desde hace 20 años.

Ante esta anomalía democrática que convierte a los votantes en cómplices, aunque no en implicados, circulan tópicos farisaicos y recurrentes: la corrupción no pasa factura a los políticos, no se castiga en la urnas, los votantes piensan que todos los políticos son iguales. Pero la corrupción no es una trivialidad, sino una pandemia que azota al mundo entero. Eso es lo que han dicho en la Cumbre Contra la Corrupción que se ha celebrado en Londres, el primer aviso de que algo huele a podrido no sólo en Madrid, en Barcelona, en Valencia o en Andalucía, sino en todo el mundo.

La analogía de Dinamarca como asamblea de gusanos vuelve a ser la metáfora-ciénaga cuya pestilencia llega de una parte a otra del mundo. John Kerry, secretario de Estado del imperio, ha hablado: “La corrupción es un veneno que erosiona la confianza”. Lo dijo ante representantes de 50 naciones y dejó escrito que la corrupción despoja a los ciudadanos de su dinero, ahoga el crecimiento económico, es un fenómeno generalizado y un enemigo tan grande como los extremistas.

Se ha perdido mucho tiempo para hacer frente a esa lacra. “La corrupción es un enemigo tan grande como los extremistas”, insisten los norteamericanos. Obama, antes de volver a la cabaña del tío Tom, está dispuesto a pasar una escoba por los paraísos fiscales. Los papeles de Panamá han sido el primer aviso a los millonarios para que blanqueen su dinero mezclado con el de terroristas y narcotraficantes, ése que está manchado de sangre. Los activistas salieron de la Cumbre largando: los evasores pueden dormir tranquilos, no se ha hecho nada contra los paraísos. Pero todo indica que Estados Unidos quiere desguazar el inmenso potosí del saqueo.

Es posible que en España se siga votando a los corruptos, pero la buena nueva es que éstos están cayendo como chinches. Los meten en los furgones, los pasean por los telediarios, los chapan en el maco como a los bichos que han chupado la sangre en estos años de descontrol.

Chinches como la de Prisipkin, el protagonista de la obra de Wladimir Mayakovskique queda congelado por chorros de agua de los bomberos y 50 años más tarde es resucitado por la ciencia con la chinche en el cuello de la camisa. El corrupto y la chinche son exhibidos en un zoológico para que los niños aprendan que los corruptos son culpables de que para unos sean las rosquillas y para otros los agujeros de las rosquillas.

RAÚL DEL POZO

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