El día en que un ordenador escribe una novela

El día en que un ordenador escribe una novela

 Ignacio Vidal-Folch escribió hace unas semanas en El Mundo lo que sigue: “Una novela escrita por un equipo de técnicos y un programa informático ha quedado semifinalista del premio literario Hoshi Shinichi, en Japón. Ya hacía algunos años que el premio estaba abierto a la participación de concursantes no humanos, pero ésta ha sido la primera vez que 11 de los 1.450 textos que se han presentado a concurso estaban escritos, total o parcialmente, por computadoras. De esas 11 novelas, la que ha pasado eliminatorias se titula precisamente El día en que un ordenador escribe una novela. El equipo autorial, dirigido por el profesor Hitoshi Matsuabara de la Universidad del Futuro sita en la ciudad de Hakodate,  se ha encargado del argumento, de elegir el sexo de los personajes y de seleccionar unas cuantas frases, con las que el programa informático ha escrito la novela. Un miembro del jurado ha explicado que aunque la novela está bien estructurada, el dibujo de los personajes aún es deficiente. Deduzco que el futuro del mundo editorial es prometedor, pues pronto habrá robots capaces de escribir novelas apasionantes, de esas que se leen con el alma en vilo, y ya sólo faltará diseñar robots para que las lean”.

      Hasta aquí, Vidal-Folch. Parece ser, según un estudio realizado por la industria editorial estadounidense, que en 1917 −o sea: a la vuelta de la esquina− habrá en ese país más escritores que lectores. Así anda la literatura en los tiempos de internet. Las redes sociales y el abaratamiento, por no decir la gratuidad, de las autoediciones, la han desactivado.

      El crítico y prfoesor Aparicio Maydeu cree que “hay una uniformización de los formatos. El mundo digital hace que la información sea la misma para todo el mundo. Se tira −escribe− de la documentación por internet y no de las experiencias personales”.

      Y más adelante: “Los libros cada vez se parecen más. Ha disminuido la autocrítica, el mundo digital se carga a los intermediarios y si tú tienes seguidores en twitter ya no necesitas que alguien te diga si eres bueno o no”. 

Fernando Sánchez Dragó

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/dragolandia

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