Dormíamos, despertamos

Dormíamos, despertamos
ULISES

 

RAÚL DEL POZO

 

El 15-M, aquella comuna sin sangre, nació en el año 2011, cuando Madrid ardía en las fiestas en su coso con motivo de San Isidro, el santo que siempre suele participar en los motines.Lope de Vega escribió un poema hagiográfico sobre ‘El Labrador’, nacido en el arrabal de San Andrés cuando Madrid era una villa agrícola mora y aún se llamaba ‘Mayrit’. El ‘Fénix de los Ingenios’ retrata al patrón de la ciudad como “alto y dispuesto, bien hecho, nariz mediana, ojos claros, cabello nazareno, el rostro alegre y sereno, la voz entre dulce y grave”. Tierno Galván recordaba en sus pregones con simpatía al gañán que le da a Madrid el aire y la llaneza de un lugar de labranza; saludaba al madrileño que nació de pie, pues mientras rezaba, o sacaba agua de los pozos, los ángeles labraban con su yunta. Sus vecinos, envidiosos, le acusaban de gandumbas y de cornudo. San Isidro fue tolerante con los alcaldes creyentes o ateos que presidían sus fiestas. El actual Consistorio, encabezado por Manuela Carmena, ha recordado que el 15-M estalló el día de San Isidro y, aunque pretende ‘descastizar’ Madrid -no irá a los palcos VIP de Las Ventas-, sí ha asistido a la misa oficiada por el arzobispo de Madrid en honor al santo. “San Isidro es un patrón campechano, un campesino”, ha dicho. También prometió la alcaldesa hace unos meses colocar una placa en la Puerta del Sol en recuerdo de los ‘indignados’ que nacieron en San Isidro, con la inscripción “Dormíamos, despertamos”. Pero Rita Maestre, portavoz de la baranda, ha declarado que no se instalará la placa que habían prometido. La razón ha sido la “excesiva burocracia”, que ha dado al traste con los planes. O sea, que en el quinto aniversario del 15-M no habrá mucha liturgia.Se celebró una manifestación entre Cibeles y la Puerta del Sol: de poder a poder. Las revoluciones suelen terminar en burocracia y los ‘indignados’, en funcionarios del Estado: concejales, alcaldes, diputados; pronto, ministros. Pero los ciudadanos siguen estando hechos, como pensó Walt Whitman, de cuadrúpedos y de pájaros. Los políticos van por un lado y la vida, por otro. No queda apenas nada de la Primavera Árabe y muy poco de aquel viento impetuoso del 15-M, pero la primavera propiamente dicha nos envuelve en su apogeo. Vinieron las lluvias y nos dejaron los campos y los jardines repletos de flores. Es como si se hubiera escapado del cuadro de Botticelli la doncella con flores en el cabello y en el vestido, la que cuida de las fuentes de los jardines y de los pastos, la que invoca Ovidio porque ostenta la soberanía de la primavera: “La miel es regalo mío, yo soy la que convoco a los insectos que producirán la miel a las violetas, los codesos y los tomillos blanqueantes”. Las flores y los tomillos, las sabinas y los romeros de la Casa de Campo son los mismos que en la Toscana y todas las colinas y los valles están sembrados de flores como nunca. Mientras, los políticos siguen con su propia agenda, sin saber muy bien hacia dónde vamos.

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