ASÍ ES COMO EL ARTE PUEDE AYUDARNOS A ENVEJECER CON SALUDQuizá muchos de nosotros conozcamos bien la fórmula para envejecer con salud y bienestar. Una alimentación balanceada y, en la medida de lo posible, natural; mantener nuestro cerebro activo y estimulado; conservar y nutrir relaciones personales significativas, y quizá algunas cosas más además de esto. Pero quizá pocos pensemos que el arte podría ser también un factor positivo en esa última etapa del camino de la vida.

En Estados Unidos, en particular, existen algunos proyectos que desde hace varios años han cruzado los ámbitos de las disciplinas artísticas y la vejez con resultados notables e incluso esperanzadores.

El esfuerzo de Music and Memory, por ejemplo, a primera vista parece sencillo pero cuando se le considera en detalle, en aquellos a quienes beneficia, el efecto es impresionante. El personal de esta organización acude a distintos asilos del país para entregar reproductores digitales de audio a sus residentes, en especial a aquellos que padecen enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o demencia. Investigaciones modernas han comprobado algo que grandes artistas de otras épocas sabían por intuición: que la música ejerce un impacto profundo en nuestra memoria, que escuchar cierta tonada puede ser uno de los vehículos más efectivos para conectar con recuerdos profundos que creíamos olvidados. Y eso hace Music and Memory: da a esos pacientes el auxiliar terapéutico para su enfermedad más creativo que podría existir, la música.

12734202_951755158207744_7733253880490035988_n

Paradójicamente, muchos de esos asilos consideran en sus presupuestos cuantiosas partidas para los medicamentos que tratan dichos trastornos, pero no para un reproductor personal de música, una contradicción que sorprendió a Dan Cohen, fundador de Music and Memory y que por ello mismo, en parte, decidió ayudar a reparar.

Uno de los estudios que mayor evidencia han aportado respecto de la relación entre actividades creativas, envejecimiento y salud se publicó en 2006 bajo la dirección de Gene D. Cohen, gerontólogo de la George Washington University. En la investigación se observaron los cambios ocurridos en tres grupos de ancianos de Nueva York con acceso a actividades artísticas, comparados a su vez con un grupo de control. Entre los resultados más notorios se encontró que 1 año después de iniciado el estudio, las personas que tuvieron el estímulo de distintas disciplinas artísticas de manera sostenida durante ese tiempo presentaban un menor grado de degeneración mental en comparación con los individuos del grupo de control.

De acuerdo con el Dr. Cohen esto se explica porque la creatividad desafía la mente, lo cual se traduce en la formación de nuevas dendritas y, por lo tanto, de nuevas vías de comunicación a nivel cerebral.

Esta explicación a nivel neuronal bien podría conjugarse con otras cualidades del arte que más bien han sido exploradas por sus propios artífices. En la vida y obra de escritores, pintores, escultores, arquitectos y cineastas de casi cualquier época podemos encontrar como constante que el arte es una vía de exploración pero quizá sobre todo de conexión, la cual funciona en dos sentidos: primero, hacia el mundo interior, hacia lo que somos, nuestra subjetividad más definitiva, esa condición que nos hace individuos únicos; pero después de esto, el arte tiende inevitablemente a un segundo movimiento, el de la conexión con los otros: si escribimos es para que alguien más nos lea, si pintamos es porque queremos que otra persona mire ese cuadro, y lo mismo para quien filma una película o proyecta un edificios. En los otros encontramos la culminación de cualquier actividad creativa. Y qué mejor que envejecer sin perder nunca el vínculo con otros que pueden acoger, compartir y acaso celebrar nuestra pasión –y viceversa.

http://www.faena.com/aleph/es/articles