Lemmy se despide en su bar

Lemmy se despide en su bar
Lemmy Kilmister posa en una imagen de archivo en el Rainbow Bar, su segunda casa. Eamonn McCabe

El líder de Motörhead ‘dice’ adiós a los suyos en una ceremonia, retransmitida por Youtube, en el garito de Los Ángeles que fue su casa

PABLO SCARPELLINI

Lemmy Kilmister, el dios de Motörhead, era un cliente asiduo de lo suyo. Por eso, encontrarlo no era difícil. Casi hasta el final de sus días -y pese a tener una fortuna suficiente como para permitirse algo mucho mejor-, optó por un apartamento modesto, por un hueco más bien de dos habitaciones en West Hollywood, lleno de parafernalia, de trastos, y un sitio que en 20 años rara vez decidió limpiar. Lo bueno, a falta de lujos y comodidades, era la cercanía a ese lugar de culto, al bar de Los Ángeles que hizo suyo y que acabó por influir a los garitos contiguos y a otras leyendas del heavy metal del momento.

En ese Rainbow Bar del corredor de Sunset Boulevard se pasaba la vida, siempre abierto a saludar a sus correligionarios y a conceder entrevistas a los periodistas que encajaban con su manera de entender las cosas. Eso cuando no estaba colgado de una de las máquinas con las que le gustaba jugar, era un verdadero adicto al juego, pasando incontables horas entre cerveza y cerveza y un puñado de cacahuetes, un fijo del lugar. Elemento imprescindible.

Allí mismo será la despedida tras su muerte, el pasado 28 de diciembre, en un Rainbow Bar and Grill a reventar que empezará a recibir a incondicionales de la banda desde temprano en la mañana, y que después cerrará sus puertas para una ceremonia privada por la tarde.

Homenaje expansivo

Por suerte, el homenaje tendrá la onda expansiva que merece, golpeando a ese otro conjunto de bares que también fueron del gusto de Lemmy, sitios como el Whiskey A Go-Go y el Roxy que vivieron de la atmósfera rockera de otras bandas presentes al calor de Motörhead. Metallica, Mötley Crüe, Van Halen o Guns N’ Roses, por nombrar unas cuantas.

Por eso, el adiós al hombre del norte de Gales, bajista con más de 15 millones de discos vendidos en todo el mundo, será como un funeral de estado, retransmitido por Youtube para el mundo entero y con una petición expresa por parte de los organizadores de no acudir en masa al cementerio donde será enterrado, el Forest Lawn Memorial de Glendale donde también descansa eternamente Michael Jackson.

Lemmy hubiera preferido que los suyos se agolparan en bares para decirle adiós, según sus allegados. “Donde quiera que estén, POR FAVOR -así lo pide, con letras mayúsculas- juntaos y ved el servicio fúnebre con otros Motorheadbangers y amigos. Id a vuestro bar favorito, o a vuestro club favorito, estad seguros de tener conexión a internet y brindad con nosotros”.

Es un mensaje que a buen seguro resonará en muchos rincones del planeta. Queda claro por los números de Spotify, que hablan de un resurgir de la banda tras la muerte de su fundador. En Argentina, cuatro de sus temas están entre los más escuchados; en Estonia, Overkill está en el número dos de la lista y en Estados Unidos se está escuchando más Motörhead que The Beatles, curiosamente uno de los primeros grupos que influenciaron al británico.

Metal en Sunset Boulevard

A partir de ahora, los que no lo conozcan tratarán de hacer el peregrinaje hasta su templo en Los Ángeles. Porque aunque Kilmister ya no esté, con sus inconfundibles patillas y sus símbolos nazis colgados del cuello, para esos locales como el Rainbow la historia ya está escrita. Los seguidores del rock y el heavy metal lo saben, y por eso siguen funcionando a todo gas en una avenida que ha sabido cederle un porcentaje de protagonismo a la escena musical frente a la onmipresencia del cine y sus estrellas. El eterno Sunset Boulevard tiene un puntometalero.

Y si todo funciona como es debido, habrá más. Está planeada una estatua en honor de Lemmy, una iniciativa de uno de sus seguidores, que arrancó por internet una masiva recogida de firmas para lograr tener una en medio del Rainbow. Por suerte hay multitud de imágenes de todo aquello, del bajista al fondo de la barra de su antro predilecto.

Eso y material en cantidad sobre otras facetas de la leyenda quedaron recogidos en el brillante documental Lemmy, de 2010, una suerte de homenaje con entrevistas de amigos y admiradores como Velvet Revolver, Lars Ulrich, Kirk Hammett de Metallica o David Ellefson de Megadeth.

En esa joya para los amantes de Motörhead, hay elementos suficientes para armar un rompecabezas integral de su existencia. Documentan que lo que no se gastaba en alquiler de su ratonera -pagaba unos 700 dólares al mes- se lo pulía en Jack Daniels con Coca-cola, su brebaje favorito; que era un ávido coleccionista de recuerdos en torno a su banda, amontonando cintas, discos de oro y platino, pósters y hasta matrículas dedicadas; y que jamás fue amigo del lujo, rehuyendo de limusinas y guardaespaldas, infinitamente accesible a cualquiera que quisiese charlar con él, pese a que eran legión.

Era también un amante de la música sin tapujos para reconocer abiertamente queescuchaba a Buddy Holly, Johhny Cash o Eddie Cochran pese a haberse hecho famoso reventando escenarios con temas como Deaf Forever o Victory or Die.

Todo un personaje. “Cuesta creer que nunca más veremos tu rostro sonriente al final del bar. Has sido un amigo maravilloso para todos nosotros. Vivirás por siempre en nuestros corazones”. No podía faltar la despedida del personal de su garito.

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