Estatuas perturbadoras

Estatuas perturbadoras

Habría sido más caritativo adjudicar a cada miembro de la legación iraní un psicólogo, para explicarles que la alteración que sufren al ver un angelito o una venus desnudos lo que denota es que están enfermos. Cualquier juez que tuviera que ver una cosa con connotaciones sexuales al que se le mostrara como presunto atenuante el haber contemplado imágenes así habría convertido la atenuante en agravante y habría llevado al abogado defensor al trullo. Pero el dinero es el dinero, y el negocio ha debido ser importante. Por si acaso, el mismo Papa ha ido más tapado que nunca, o eso me ha parecido a mí.

Pero no nos escandalicemos. Nuestros mandatarios no dudan en estar en reuniones con príncipes árabes mientras en los patios y en las prisiones que administran se decapita o se da de latigazos a personas que han cometido delitos que a nosotros nos parecen nimios. O sea, que los pecados capitales, como matar gente, pasan a ser menores cuando el negocio está por medio. No estaría de más pedir a la jerarquía católica que nos dijera qué es lo que de verdad es inalterable: si es pecado tan capital matar a una mujer o mirarle el culo. No sabemos si la jerarquía pecaminosa de Rohaní tiene esas categorías. Por el momento, el iraní le ha pedido al Papa que rece por él.

Qué espanto. Ir a Roma y encontrarse con que no hay ni tetas de venus ni culitos de ángeles. Yo pediría que me devolvieran el dinero.

JORGE M. REVERTE

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