40 años haciendo el punk

40 años haciendo el punk

 
Se cumplen 40 años del Punk

2016 es el año del jubileo para todos los supervivientes de aquel 1976 de tachuelas y canciones frenéticas, de Ramones y Pistols. Nada queda, todo sobrevive de los días de la furia.

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DARÍO PRIETO

El próximo 4 de febrero se cumplen 40 años de la publicación del primer disco de Ramones: 14 canciones en 29 minutos que pusieron patas arriba la música. Frente a la eterna pugna por dirimir quién lo hizo antes, si Nueva York o Londres, este 2016 parece haber aglutinado las conmemoraciones del aniversario del punk en torno a esos cuatro inadaptados de Queens que aparecían en la portada de aquel álbum, de los que no queda vivo ninguno: Joey, Johnny, Dee Dee y Tommy. Londres, que había capitalizado la explosión local del año 1977 con aquellos primeros discos de The Clash y Sex Pistols, se ha rendido y ha programado una serie de actividades en torno a aquel primer concierto de Ramones en Londres, el 4 de julio de 1976, un hito en la historia musical de la ciudad.

Al periodista Legs McNeil se le atribuye la invención del vocablo punk (de baja estofa, según su etimología original en inglés) para el estilo musical que estalló en los 70 en las dos grandes metrópolis anglosajonas. Él también fue el fundador dePunk, que empezó siendo un fanzine según los preceptos del “háztelo tú mismo”, otra de las máximas del movimiento, y que terminó convertido en la bibliaramoniana. Todo surgió por la degeneración del rock de principios de los 70, los virtuosismos de Emerson, Lake & Palmer o Yes. “Era horrible. Todo era muy comedido. Todo era apagado, hasta los colores. Era aburrido y no nos gustaba. Y no te podías acostar con nadie, a menos que fueras espiritualmente correcto o les hablaras de macramé. No sé qué había que hacer, pero yo no podía hacerlo”, recuerda McNeil en End of the century, el documental de 2003 sobre la historia de los Ramones. “Fue el final de la buena época en Nueva York. Desde la II Guerra Mundial, la gente había huído de las ciudades a estos nuevos lugares llamados suburbios. Así que la gente se iba de Nueva York y estaba como desierta. Y tenías esa sensación de que se habían ido tus padres y podías tomar el control y hacer lo que quisieras”.

El punk fue la condensación de ésa y otras muchas cosas: la convulsión social de la resaca hippie, el hastío nihilista de una generación de jóvenes sin futuro y la continuación de varias corrientes musicales que tenían en Iggy Pop y sus Stooges, New York Dolls, The Sonics y David Bowie algunos de sus referentes. Según John Lydon, cantante de Sex Pistols como Johnny Rotten y cabecilla de la revuelta en Londres, “la curiosidad sexual del glam estalló cuando Bowie decía: ‘¿Quién eres tú para decirme lo que tengo que hacer?’. El punk no nació de la noche a la mañana sino que surgió a partir de todas esas cosas. Fue una puta gravitación progresiva hacia lo evidente”.

Como señala el crítico Simon Reynolds, la paradoja del punk es que organizó la última gran revolución social (y hasta política) de la música desde una perspectiva bastante conservadora en lo musical. En su deseo de evitar los males del rock progresivo, propugnaron un retorno a las raíces, el rock básico y primitivo de los 50. Pero la forma de hacer las cosas fue totalmente nueva. Danny Fields, primer mánager de Ramones, recuerda una escena que describe la situación. “Paul Simonon, de The Clash, nos dijo una vez: ‘Dios, sois tan exitosos. Lo petáis. Somos de Inglaterra y ni siquiera hemos podido tocar aquí porque no somos lo suficientemente buenos’. Johnny le dijo: ‘Espera a vernos. Apestamos. No tienes que ser bueno. Sólo sal y toca”.

Pero bajo esta aparente camaradería había un mar de tensiones. Entre los diferentes grupos y escenas (Johnny Rotten odiaba a The Clash y a todos los grupos estadounidenses) y también en la comercialización y ética de un movimiento que rápidamente acabó convertido en una colección de punks de postal en las calles de Londres y reportajes de moda. En realidad, todo formaba parte de esta naturaleza volátil destinada a arder rápido, como cantó Neil Young y se encargaron de ejemplificar Sid Vicious y Dee Dee Ramone con sus adicciones a la heroína. “Ninguno de nosotros pensabamos que el punk duraría. Ni que se convertiría en una cosa complicadísima para los mortales que se aventuran en él”, dijo Rotten al respecto.

Pero aquel 4 de julio el punk era un arma cargada de futuro. Joey Ramone lo recordaba así: “Tocamos en el Roundhouse. Cabían 3.000 personas y estaba lleno. Ese día, durante la prueba de sonido, vinieron todos estos chicos y nos dijeron que, básicamente, éramos responsables por darles ganas de salir y formar sus propias bandas”. Para Joe Strummer, de The Clash, “si no hubiera existido el disco de los Ramones no sé si podríamos haber construido algo aquí. Llenó un hueco vital entre la muerte de la escena pub-rock y el advenimiento del punk”.

Pero en Nueva York las cosas no se veían igual, según McNeil: “Joey consiguió elsingle de White riot, de los Clash. Lo sacamos de la funda y lo puso en un tocadiscos. Ambos nos miramos y dije: ‘Dios mío, os están copiando, chicos. Completamente'”. La escena inglesa, según él, “creció mucho más y nosotros todavía luchando por 75 centavos para una cerveza. Te hacía pensar: ‘Espera un momento. Esto ya lo hicimos. Y no conseguimos nada’. Y una vez que salió el álbum de los Pistols fue genial, un gran álbum. Malcolm Mclaren no sólo se apropió de la escena y la renovó, sino que la música era buena”. Una rivalidad que el propio Joey veía de forma positiva: “Sentíamos que nosotros y los Sex Pistols nos convertiríamos casi en los Beatles y los Rolling Stones en los 60. Como si fuésemos la nueva revolución”.

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