Soy consciente de que en cualquier momento me van a matar……..

Soy consciente de que en cualquier momento me van a matar........

«Soy consciente de que en cualquier momento me van a matar, y si aún no lo han hecho es porque quieren ahorrarse el coste político», dice Alejandro Solalinde, que acaba de participar -en la Feria del Libro de Guadalajara (FIL)- en una mesa sobre «México, el abismo de la desigualdad». Solalinde es el sacerdote que fundó el albergue Hermanos en el camino, en Ixtepec, en el estado sureño de Oaxaca, donde los emigrantes procedentes de estados fallidos como El Salvador, Honduras o Guatemala, en camino hacia Estados Unidos, encuentran refugio de los narcos y otros bandidos que les extorsionan, cautivan y esclavizan o asesinan.

Después de pasar unos días en Guadalajara he aprendido a reconocer a esos emigrantes que cruzan México de sur a norte en el tren que llaman «la bestia», y del que de vez en cuando se bajan: se les reconoce en la mochila que llevan a la espalda, con una manta enrollada; caminan por la vereda de esas anchas avenidas por las que sólo circulan coches, o siguiendo las vías de tren, y te piden agua o comida llamándote «hermano», que no es la manera corriente en que se interpelan los mexicanos.

Gracias a informaciones de varios testigos obtenidas al amparo del secreto de la confesión, Solalinde fue también el primero en sembrar dudas sobre la versión oficial acerca de los 43 estudiantes de Iguala asesinados la noche del 26 de septiembre de 2014; matanza sobre la que ha investigado y escrito (Los 43 de Iguala) Sergio González Rodríguez, periodista al que admiro, pero no por este libro más bien especulativo que acaba de presentar en la FIL, sino por Huesos en el desierto, informe valiente y pavoroso.

Espero que los temores de Solalinde no se cumplan y que Sergio González Rodríguez nunca tenga que escribir sobre él un libro funerario. Pero esa frase del cura, «soy consciente de que me van a matar», recuerda mucho al juez Falcone, que dijo «sé que la Mafia ya ha dictado contra mí una sentencia de muerte», o algo parecido, dos años antes de ser asesinado. A ver si va a ser una pauta de nuestros tiempos que la gente admirable anuncie en los medios de comunicación de masas su propia ejecución.

IGNACIO VIDAL-FOLCH

http://www.elmundo.es/opinion

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