Perros luteranos

Perros luteranos
ULISES
 

Habrá más mezquitas que catedrales; las iglesias se convertirán en teatros; las ermitas, en discotecas. Europa será un califato y bailará la danza del vientre, dicen los que ven peligro de islamización en el continente. Angela Merkel desplegará 1.200 soldados en el territorio de ISIS, el mayor despliegue del tan temido ejército alemán. Pero Angela, hija de un pastor, sabe que la solución no está en el frente lejano sino en los minaretes que surgen en la Europa descristianizada. La canciller es piadosa y, además de la unión monetaria, busca junto al Papa una unión de religiones. Francisco, con su toque cuáquero y heterodoxo, ha pedido perdón a los protestantes y llama a la unión de las iglesias, aunque los seguidores de Luteroconsagren mujeres obispas.

En el continente de la razón cada vez hay menos piedad, más ateísmo y másMahoma, más pacifistas; las iglesias están casi vacías y las mezquitas llenas. En resumen: una Europa amenazada por el fundamentalismo tenderá a unir a los “perros luteranos” con el Papa que -según el fraile agustino- se tira pedos como truenos.

A mí, lo que me pone es que, después de tantas hostias y broncatas entre católicos y protestantes, entre pastores y sotanas, el Papa que vive en Roma tire por la ventana el martillo de los herejes y llame a la reconciliación entre los bárbaros y los romanos. Eso es muy fuerte, me cuesta trabajo comprenderlo porque yo soy de Cuenca, donde ocurrió el segundo crimen de Caín, cuando Juan Díaz, teólogo, fue asesinado por su hermano Alfonso con un hacha por haber faltado a nuestra religión verdadera. Aquellos perros luteranos de Quevedo y Arturo Pérez-Reverte, que fueron nuestros enemigos y escribieron la Leyenda Negra, son los que ahora nos mandan desde Alemania y nos castigan con la constricción del ahorro y el trabajo.

“Parió la Reina, el Luterano vino/ con seiscientos herejes y herejías/ gastamos un millón en quince días/ en darles joyas, hospedaje y vino”. En estos versos deGóngora se maldice a los “putos herejes” que vinieron al bautizo del que seríaFelipe III. Quevedo escribió que Lutero era peor que Mahoma y advirtió a la corte que los turbantes y las mitras de los infieles nos iban a picar. “El hacha fue Lutero”, gritaban los ortodoxos. Pasado el tiempo, llegó de La Plata un Papa que dijo: “Es una alegría rezar con los hermanos luteranos”. Francisco ha sido el primer Pontífice que visitó un templo evangélico explicando que la división entre cristianos es un escándalo. Ha pedido perdón por la intransigencia de la Iglesia en los tiempos de la chasca. Además, ha saludado la conciencia ecológica de los hermanos separados, quizá porque Lutero hizo la siguiente meditación: “Aunque el final del mundo sea mañana, hoy plantaré manzanos en mi huerto”.

Roma ha dedicado una plaza al rebelde que el Papa León X calificó de borracho alemán. Claro que Lutero, que culpaba al diablo de su estreñimiento, llamó al Papa “gerente de burdel”». Ahora, los pirómanos de la Reforma, los jesuitas, sacan de la hoguera al fraile agustino.

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