Luztopìa: Carlos Cruz Dìez y el acontecimiento del color

“Las ideas solas intoxican”, señala el artista venezolano Carlos Cruz Diez, quien materializó su teoría del color al punto de abrir un nuevo sendero en el discurso del arte. Al punto de cambiar en sí la historia del arte. En su obra el color dejó el reposo y se convirtió en experiencia pura, en una situación que evoluciona, en un acontecimiento. En este sentido es uno de los últimos hombres renacentistas que quedan, pero también es el primer obrero de su especie.

No sólo inventó una nueva fenomenología del color, también ha construido todas las máquinas que requiere para sus piezas y fabricado él mismo los materiales de soporte; supo bien que si uno quiere inventar un nuevo discurso, tiene primero que inventar el alfabeto, la gramática y sus reglas. Quizás su mayor mérito sea el haberse separado de otros artistas que han querido representar la realidad, y mejor inventar una realidad autónoma que se represente a sí misma. Así, su obra es un ejercicio sobre cómo el color puede percibirse sin interpretación o conocimiento cultural preexistente. Sin que siquiera se perciba “la mano del artista”, como románticamente se procura. Al proyectar color en el espacio, Cruz Diez lo deja ser puro, sin anécdotas o símbolos, sin que este fijo en el espacio y el tiempo. Por ello en lugar de “piezas” puede decirse que son una experiencia pura.

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En Venezuela, Cruz Diez es identificado como uno de los maestros modernistas más importantes del país, y en Europa, en los años 60, su nombre se convirtió en sinónimo de la exploración del potencial cinético del color. Probablemente su serie Fisicromías, que comenzó en 1959, defina mejor que nada su fenomenología del color y el rumbo que habría de tomar su trabajo en años futuros. Cada una de estas piezas está hecha con cientos de tiras de cartón, aluminio y plexiglás (que él mismo recortó) dispuestas en dos niveles intercalados: uno plano, uno en relieve. Este ritmo produce una vibración en que parece que el color cambia y evoluciona dependiendo de la luz del lugar y de la distancia y el ángulo del espectador. “Entre más simple uno diga las cosas, más le llega a la gente”, señala en entrevista.

Al experimentar la inmediación del color desasociada de cualquier alusión narrativa, el espectador descansa, se libera de la carga de tener que interpretar un mensaje o un concepto ulterior. Su obra pone en evidencia lo que el color está haciendo, y los soportes que utiliza son sólo las circunstancias para mostrarlo, para dejar que el color fluya en su comportamiento natural. De esta manera Cruz Diez legó al mundo un tipo de arte que reta las relaciones tradicionales, románticas o intelectuales entre el artista, el espectador y la percepción. Gracias a él hay una posibilidad vibrante de abrazar la transformación continua del color como un acontecimiento. Todo en su obra son arenas movedizas. No hay nada que esté fijo en el tiempo y sin embargo, y he aquí su mérito, algo de ellas permanece en el espectador y lo cambia.

Luztopìa: Carlos Cruz Dìez y el acontecimiento del color

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