ALFREDO ARIAS, UNA INFANCIA BARROCA PUESTA EN ESCENA

Dentro del imaginario de Occidente, América es aún ahora la excepción exuberante. Un continente que desde el inicio surgió en el mundo lleno de elementos reales y simbólicos que lo situaron como el territorio por excelencia de lo sorprendente, lo inesperado, lo mágico incluso, pero con una magia distinta a la que hasta entonces había irrumpido en el mundo, una magia más bien ordinaria, cotidiana, como si aquello que otros consideraran fuera de la norma, en América fuera cosa de todos los días.

En este contexto es posible situar la obra teatral de Alfredo Arias, actor, productor, director y escritor nacido en Buenos Aires en 1944 y residente en París desde 1969, circunstancia que nunca lo alejó de su lugar de nacimiento, sino que más bien avivó la presencia creativa de su infancia como una fuente de inspiración y motivos para dar cuerpo a sus inquietudes artísticas. Una recuperación hecha a medio camino entre la nostalgia y la crítica, sí con cierta romantización de por medio, pero también poniendo en juego los elementos posiblemente incómodos que también están ahí, como el peronismo o la formación en la cultura pop.

El teatro de Arias ha sido así una exploración de los puntos de cruce entre lo posible y lo imposible desde una perspectiva fantástica, tres términos que tienen varios sentidos pero que Arias ha llenado con significantes personales, en una detallada construcción que incluye los recuerdos, las emociones, los equívocos, los sueños, los anhelos, las cuentas pendientes y más, todo ello presentado bajo la forma de esculturas (como en su adaptación de Drácula, de Bram Stoker), personas con máscaras de animales (como en Peines de coeur d’une chatte anglaise, adaptación de la novela homónima de Balzac), o en la representación de un escenario en ruinas como símbolo de la memoria (como en Folies-fantômes: mémoires imaginaires).

La expresión “poner en escena” implica en buena medida hacer una metáfora, es decir, convertir algo en otra cosa, transformar, realizar una operación mágica por medio de la cual aquello que comenzó bajo un significado termina en otro. Pasar de un territorio a otro, de un campo de significantes a otro. En el caso de Arias, esa indagación de su memoria ha sido un ejercicio creativo que ha resultado en su nexo con el mundo, una forma de combinar y reunir en un solo punto eso azaroso y circunstancial que es la formación subjetiva y, por otro lado, sus amplias inquietudes intelectuales, específicamente en la pregunta por cómo hacer metáfora de un recuerdo para volverlo significativo para otros.

Arias encontró su camino en cierto barroquismo melancólico que le ha permitido ir y venir entre su memoria y la realidad, la fantasía y la vida en el mundo, los sueños y las formas imposibles y el lenguaje común enriquecido por esas metáforas surgidas en otros mundos pero que vienen a recalar a este, en donde él y cualquiera de nosotros se hace entender.

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