No lea el final de este artículo

PEDRO SIMÓN

No lea el final de este artículo

Una parte de la población mundial se pregunta qué comerá mañana y la otra parte simplemente se pregunta si va a comer.

Tener hambre es el primero de los conocimientos del ser humano, la primera cosa que se aprende, decía Miguel Hernández. Y yo creo que es la última cosa que se olvida.

“El primer año no llovió en ninguna parte, no llovió ninguna tarde, ningún día”, contaba el sacerdote Gustavo Rodríguez. “Entonces empezaron a morir los animales, las plantas, empezó a morirse la gente. Fue cuando yo llegué aquí, fue la desbandada por el hambre. Recuerdo a una señora, en una de las barrancas de por aquí, parecía tener 60 años, pero era de 30, rascaba el suelo con una pajita, succionaba la humedad, y la llevaba a una ollita”.

Escribo esto desde el lado calórico de la existencia, recién desayunado, en una casa con agua caliente, con mis hijos enviados al colegio con un bocadillo y en un reino de sobrados: España es el sexto país del mundo que más comida tira a la basura. Vamos a echar cuentas a los largo de estas 82 líneas. No creo que le guste verse al final de este artículo.

Desde Madrid podemos escribir un artículo sobre el hambre como éste, seis o 60. Un niño sirio de cinco años nos lo cuenta mejor desde Alepo: “Como hierba para sobrevivir”.

(…)

Los chicos corren más rápido, sí, y llegan antes. “Alguien, alguna vez, va a descifrar el sentido de la dirección de las carreras de los chicos de un pueblo cualquiera en un país cualquiera y va a entender el mundo”, augura Martín Caparrós en su enciclopédica obra ‘El Hambre’.

La mitad de los refugiados ya son niños. Más o menos como los suyos. Igual de correcaminos. Igual de preguntones. Igual de trastos. Igual de curiosos. Igual de artistas. Igual de plastas. Pero crecen con mucho más miedo. Y eso que tienen unos padres que pasan más tiempo con ellos.

La fotografía del primer crío que apareció ahogado en una playa tratando de llegar a Kos iba a cambiar el mundo. La segunda (de este jueves) no ha logrado cambiar ni una portada de periódico. La tercera ni la veremos. Entre otras cosas porque nos molesta la saturación. Como pasa en las playas, claro. Eso del periodismo sin protector solar que hiere sensibilidades y te quema la piel.

Me lo cuenta Javier Baeza, recién llegado del epicentro europeo: muchos de los ciudadanos húngaros (que los hubo) que ayudaron con comida y mantas a los refugiados y a sus hijos, están recibiendo amenazas de muerte.

Jean Ziegler -que fue chófer del Che Guevara, relator de la ONU para el Derecho a la Alimentación y ha llegado a pedir un tribunal de Nuremberg para los especuladores financieros- escribió ‘Destrucción masiva’ para denunciar este canibalismo sistémico: los unos nos comemos a los otros. Casi siempre sin saberlo.

“La destrucción, cada año, de decenas de millones de hombres, de mujeres y de chicos por el hambre constituye el escándalo de nuestro siglo”, dice Ziegler. “Cada cinco segundos un chico de menos de diez años se muere de hambre en un planeta que, sin embargo, rebosa de riquezas (…). Así que no es fatalidad. Un chico que se muere de hambre es un chico asesinado”.

No sé si usted ha echado ya la cuenta con el cronómetro en la mano, pero en lo que ha tardado en leer estas líneas ya hemos asesinado a otros 18.

http://www.elmundo.es/opinion

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