¡Malditos cretinos!

     El excelente periodista, buen escritor e insobornable trotamundos Luis Mazarrasa (lean su último libro: Viajero al curry, Amargord) me envía un correo acompañado por un vídeo, que habla por sí solo, y redactado en los siguientes términos…

“¡Hola, Fernando! Esto te va a gustar y a disgustar. Leo y veo imágenes estremecedoras, que te hago llegar. Las tortugas que este año acudieron a depositar y enterrar sus huevos en la playa del Ostional (Costa Rica), como desde la noche de los tiempos lo hacen siempre, tuvieron que volverse por donde habían venido sin terminar la nidificación a causa de los miles de turistas que se paseaban entre ellas y de sus selfies… ¡Me cisco en todo! El mundo se ha ido al carajo. La culpa no es del móvil −al fin y al cabo es cómodo y útil poder hacer una llamada urgente sin tener que ir a buscar cambio y una cabina que por lo general no funcionaba−, sino del diabólico ser que puso una cámara de fotos en el teléfono y lo conectó a internet. De esa manera ya tienen a la gente siempre ocupada en gilipolleces, cotilleando, mirando Twitter o Facebook y sacando selfies en esa postura tan poco digna, medio agachados en plena calle. Hace unos días vi a tres borregos coreanos que volvían al redil subiendo por la calle Imperial, cerca de la Plaza Mayor, y siguiendo las órdenes de un GPS parlante incorporado a sus móviles… ¡De frente, ar, y luego, en la próxima esquina, a la derecha! Iban cabizbajos, con sus gorritas de beisbol puestas al revés y los auriculares bien encasquetados en las cáscaras de huevo que ocupaba el lugar de sus cabezas. Me dieron ganas de insultarlos. ¡Abraxas!”.

     Sante parole!, que dicen los italianos. Pero no se olvide, amigo lector, de echar un vistazo al vídeo. En él podrán comprobar adónde llega la dignidad de las tortugas y la indignidad de los humanos.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/dragolandia

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