Guapos al poder

Guapos al poder

La belleza puede ser un despotismo breve, pero por lo menos dura una legislatura. La juventud hechizante, la edad de la poesía, cuando ríe el aire con sus divertidas ocurrencias, aliada a la belleza, ha decidido tomar el poder en España. Hoy más que nunca, el rostro que no irradie luz nunca será gobernante.

El sexo y la atracción ya son la fuerza motriz de la política española, a falta de nuevas ideas. Los que ganen van a hacer lo que les diga la señora Merkel, pero todos hacen el papel de galanes rebeldes. Jóvenes y bellos, macizas y guaperas, lindos ‘bodies’, ‘pivones’, se han transformado en la fuerza de choque de los partidos. Mao, que era un pureta chino, movilizó a los hijos de la Revolución diciéndoles: “Vosotros, jóvenes, llenos de vigor y voluntad, estáis en el despertar de la vida, como el sol a las ocho o las nueve de la mañana. China os pertenece”. En el mismo tiempo, una generación de ‘hippies’ con cara de ángeles bebía trementina, buscaba ‘jazz’ o sexo y, según Ginsberg, “se dejaban follar por el culo por santos motoristas”. Pero no tenían intención de tomar el poder, sino de desacreditarlo. Ahora, en España esos jóvenes apolíneos de ‘footing’ y gimnasio, amados por la cámara, dicen que van a asaltar los cielos; los de los partidos del orden prometen que van a evitar el caos; y todos quieren mandar en la Nochebuena.

El desfile de los nuevos políticos españoles parece el de una selección nacional para el concurso de ‘Miss’ y Míster Universo o una sesión de ‘casting’ para modelos publicitarios. Aparecen en la televisión en un nuevo ‘star system’ del poder; amados por las cámaras, parecen galanes de las series o de las películas españolas. Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado, Begoña Villacís, Teresa Rodríguez, Inés Arrimadas, Rita Maestre, Borja Sémper, Andrea Levy…

Podrían brincar -y brincan- en la alcoba al conjuro lascivo del laúd, como se dice en ‘Ricardo III’. Esa cara del renco y chepudo, la del feo con ansias de mandar para ser amado, es la verdadera cara del poder. Por eso, los faraones escondían sus rostros; sólo los mostraban en las monedas. Jehová, el poder total y absoluto, no deja que Moisés mire su cara. Cuentan los cronistas de Indias que Atahualpa recibió a los españoles tras una tela sujeta por concubinas para ver sin ser visto.Harold Bloom está convencido de que la de Ricardo III es la verdadera cara del poder, la de la intriga, la venganza, la maldad, la mentira, cuando Inglaterra -como ahora España- enloqueció y se desgarraba en el invierno del descontento.

Los chicos y las chicas que nos quieren gobernar son atractivos, pero no olvidemos el proverbio “Ojo al parche” (a la piel del tambor), ni la sospecha de que alguna vez el poder es un psicópata, una mezcla de Yago y Macbeth, como el renco y jorobado que nació con dientes y pelo largo tras permanecer dos años en el vientre de su madre. “Yo, que estoy mal acuñado, burlado en apostura por falaz naturaleza, deforme, inacabado, los perros me ladran cuando paso renqueando”.

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