El tampón musical que embaraza a las mujeres

El tampón musical que embaraza a las mujeres

 
El tampón musical: un estudio sobre la música y el feto. VÍDEO: Jordi Soteras

Científicos españoles crean un tampón musical que ayuda quedarse embarazadas a mujeres con dificultades

Más de 400 españolas ya pudieron concebir gracias a estas incubadoras musicales

Reciben el nombre de ‘Babypod’

PACO REGO

Ocurrió sin que mediaran caricias, sin pasión, en una sala a media luz. María estaba ovulando aquellos días. Sonaba Bohemian rhapsody en la voz de Freddie Mercury. Y ella, curtida en fracasos por querer ser madre, se daba ánimos a sí misma: “Esta vez tiene que ser, tiene que funcionar”. Se le ofrecía algo que a primera vista parecía ficción: quedarse embarazada por medio de la música. Un vientre. Un bebé. A nadie se le había pasado por la cabeza antes.

Le habían explicado que determinados tonos musicales, melodías y vibracionesfacilitan la fecundación. Y María, que no terminaba de entenderlo, se entregó en alma y cuerpo al experimento. Eligieron el mejor de sus óvulos y lo pusieron en una incubadora con música junto a un espermatozoide. Sonaba la rapsodia de Mercury dentro del vientre de metal.

Jugaban a su favor los números. “Los óvulos que reciben música mejoran su tasa de éxito en la fecundación en torno al 5%”, apunta la doctora Marisa López-Teijón tras un millar de ensayos realizados al frente del equipo de reproducción del Instituto Marqués (estudio avalado por la European Society of Human Reproduction and Embriology). Y así fue. Las vibraciones musicales poco a poco fueron agitando la espesa sopa de nutrientes donde ambas semillas estaban sumergidas. Como pasa en una barriga. Y a los cuatro días, de una forma nueva, casi mágica, óvulo y espermatozoide se fueron acercando y terminaron fundidos en una sola existencia. María, a sus 38 años, se quedó por fin embarazada gracias a aquel embrión rockero, fruto de la balada de Queen.

No sólo la harían madre. El método que había preñado a la catalana María conduciría a un invento reproductor nuevo, el que hoy nos trae aquí, tan llamativo como extraordinario: un tampón con música para embarazar a mujeres con dificultades de fecundación. El primero en el mundo. En vez de sonar en una panza artificial (la incubadora), Queen, Mozart o Nirvana entrarán directamente en el útero de la propia madre. Música por la vagina. Como suena. Hasta alcanzar ese lugar del vientre, hermético y oscuro, donde las células sexuales se aparean para crear una nueva vida, un embrión. “Hemos probado su colocación y funcionamiento en más de 1.000 mujeres, y es totalmente seguro”, dice la ginecóloga López-Teijón, madre del aparato, cuyo desarrollo y puesta a punto ha contado con otorrinos, neurólogos, ingenieros de sonido y ginecólogos.

Se pone como un támpax. Y ya hay candidatas: 52 aspirantes a madres dispuestas a embarazarse con el tampón musical. Partituras que recorren la vagina a 54 decibelios, el equivalente a una conversación en tono bajo. “Lo que hacen estas vibraciones es simular los movimientos del útero. Estos sirven para llevar los óvulos desde las trompas de Falopio al encuentro de los espermatozoides. Pero hay mujeres que no tienen esa facilidad. Por eso utilizamos las ondas musicales a distintas frecuencias”, explica López-Teijón. “Ahí está lo novedoso del tratamiento”.

Fue en vacas catalanas, antes que en mujeres, donde germinó el tampón primitivo. Era un manojo de gasas y plástico unidos a un altavoz al que la música llegaba por un cable. Ginecólogos y veterinarios mano a mano. Una veintena de reses a prueba. Cada ocho horas, 60 minutos de melodías a través del tampón. Entre otras, piezas de Vivaldi. Ahora los científicos quieren saber si las reses dan más leche y de mejor calidad. “Contaba lo que yo quería hacer y algunos colegas me miraban como si me hubiera dado algo en la cabeza”, recuerda la doctora… Que inventen otros, se dijo. Esto no es Silicon Valley. Hasta que un ingeniero informático, Luis Pallarés, asumió lo que parecía un reto inalcanzable.

¿Cómo fue el salto de la vaca al hoy delicado tampón musical rosa? Pallarés modificó un vibrador femenino (de los que se usan como juguete sexual), le colocó un altavoz en la punta y lo conectó a un emisor de sonido. Era mucho más refinado que el artilugio casero con gasas que había servido para el ensayo en vacas. Pero aún seguía siendo demasiado aparatoso. El propósito final era conseguir uno de un tamaño mucho menor -la futura madre deberá utilizarlo varias veces al día, incluso fuera de casa- y con un aspecto más suave. Y tras varios esbozos en papel y ordenador, el ingeniero Pallarés dio con el modelo definitivo: un artilugio en forma de pera invertida, del tamaño de una nuez y sumamente fino al tacto, deslizante. Y lo recubrió con materiales biocompatibles, de uso médico, cuyo valor es evitar el rechazo. BabyPod, se llama, es un tampón con discoteca. Desde piezas de Mozart al Concierto de Aranjuez, grabadas ‘por la americana Universal Music. Sus ingenieros de sonido se encargaron de empaquetar los fragmentos elegidos por los científicos y de dar a los temas la mayor calidad sonora. “Estos tienen que llegar limpios a la vagina, sin ruidos, nada que entorpezca las vibraciones que han de ayudar a que el óvulo y el espermatozoide se fusionen”, puntualiza la ginecóloga.

Carmen, 36 años cumplidos, está “alucinada”, expectante. Espera ser una de las elegidas. Si consiguiera quedarse embarazada con el tampón musical, se convertiría en madre por primera vez. Lo que nunca pudo ser. Y por la música. “Sería la bomba”, dice. Quiere atar cabos. Se pregunta por qué, cómo ocurre todo. “El primer lenguaje fue musical más que verbal, y lo sigue siendo”, explica la doctora Marisa López-Teijón. “Y esas vibraciones están presentes en el origen de la vida y más allá. Acompañan al feto en todo su desarrollo, incluso cuando ya no están en el vientre de la madre. Prueba de ello es que instintivamente seguimos hablándoles a los bebés con tono alto y melodía. Es como mejor nos entienden”.

Las mellizas de Lorena son el ejemplo. Ella, como María, también fue precursora del támpax sonoro. Las dos engendraron casi a la vez, hace tres años, y de la misma manera, con música en una incubadora. “A las niñas les fascinan los sonidos”, dice la madre. “Todo les gusta, el piano, la flauta, la guitarra…”. La razón, según la doctora, estaría en que la música, además de facilitar la procreación, como ella ha demostrado, estimula los sistemas de atención y de memoria.

Al parecer, sin la capacidad de escuchar musicalmente no podríamos, por ejemplo, aprender un idioma. O las tablas de multiplicar. Son ya más de 400 las mujeres en España que, como Lorena o María, han portado en sus vientres embriones fabricados en el Instituto Marqués con música de Bach, Robbie Williams o Metallica; 114 en Reino Unido, que han volado a Barcelona para someterse al método; más de 100 en Italia; 57 en Irlanda…

Carla es una morena fuerte, alta y guapa. Tiene 28 años y luce un bombo poderoso. Espera un niño y, según le han dicho, será grande como la madre. Nos recibe en su casa, no lejos de Barcelona. No ha podido llegar a tiempo para usar el tampón sonoro desde el principio de la gestación. Acaba de conocerlo. “Parece increíble”, se sorprende al ver el pequeño aparato. Sabe, por boca de los médicos, que la música ayuda a fecundar. El bebé que lleva dentro también ha crecido con baladas y sinfónica. Se las ponen a través del ecógrafo, dos veces por semana. “Le va bien, se mueve muchísimo al escucharla, gesticula con las manos, cambia la expresión del rostro… Emociona mucho verlo en color en la pantalla”, se alegra Carla. Luego se coloca el tampón. Lo conecta a un iPod, del que sale la música. Ella puede escucharla por los dos pinganillos del artilugio.

– Un tampón con música suena a idea genial. ¿La buscó?

– Qué va, la idea vino sola, yo diría que por sentido común- responde veloz la ginecóloga-. Después de haber logrado unir óvulos y espermatozoides con sonidos armónicos en el interior de una incubadora, el paso siguiente estaba cantado: llevar la técnica al interior de un vientre. Y la manera más fácil, rápida y eficaz de hacerlo era usar algo tan familiar y a la vez nada agresivo como un tampón.

– ¿El siguiente paso?

– Mejorar lo que ya hemos conseguido, que es un gran avance. Eso nos llevará a otra línea de investigación muy prometedora en cuanto a fecundación.

– ¿Alguna pista?

– Hasta aquí puedo llegar…

Entretanto, guarda con celo la lista de las 52 mujeres que a partir de la próxima semana empezarán a probar el tampón musical. Con el sistema ideado por la doctora López-Teijón y su equipo, ellas podrán oír con unos cascos la música elegida para que sus óvulos sean fecundados por el espermatozoide que más baile a 54 decibelios. Y el embrión resultante se desarrollará con dosis diarias de Mozart, Queen y hasta cante jondo. Pero esa es otra historia.

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