El rock ha muerto (otra vez)

 

Sara Galarza (documentación) y Javier J. Barriocanal (infografía).

El rock ha muerto (otra vez)
PABLO GIL
La primera vez que se anunció la muerte del rock and roll fue en 1960. No era sólo que Elvis hubiera vuelto un poco raro de la mili, ni que Chuck Berry fuese condenado por corrupción de menores, ni que Eddie Cochran y Buddy Holly acabasen de morir en sendos accidentes, sino que simplemente las pasaban canutas para vender un disco. También se dijo que el rock murió en 1969, cuando toda aquella furia excitante de sexo, rebeldía y ácido lisérgico se había convertido en una fórmula. El rock murió también en 1976, con los punks como ejército zombi de enterradores. En los 80 se dijo más de una vez y no digamos en 1998, con el DJ como nueva estrella del pop y las Spice Girls bailando sobre la tumba del grunge y el Britpop. Así que no se sorprendan si les digo que hay más de uno por ahí que va diciendo que el rock ha muerto, otra vez.Debe reconocerse que atraviesa una de sus etapas de flacidez y melancolía, sintiendo lástima de sí mismo como si se perdiera un noble y delicado oficio. Pero ahí está la realidad: los discos se venden fatal, no aparecen nuevas estrellas y las entradas de conciertos ofrecen en general espectáculos de nostalgia.«Es evidente que la juventud no entiende la música popular de la misma manera que la juventud de las grandes décadas del rock», dice Nacho Gallego, profesor e investigador del Área Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid. «Puede seguir siendo la banda sonora de su vida, pero comparte espacio con otros objetos culturales que también les definen: la moda, los videojuegos, el consumo audiovisual por internet», sentencia. Así que si la pregunta es ¿puede el rock volver a electrocutar al planeta cuando menos lo esperemos?, la respuesta, probablemente quitando las exclamaciones, sea: ¡Oh, sí! De momento, es como esas empresas que tienen unos beneficios de pacotilla pero un gran valor estimado.(Aviso a lectores rockeros y/o rockistas: al final de todo esto encontrarán un final feliz, más o menos).(Aviso 2: en este texto no aparece la palabra «piratería»).
‘Dark side of the moon’, de Pink Floyd, ha sido el álbum más vendido, pero no de su año

Como icono, la guitarra era el martillo con el que se derribaban los muros, el eco de los sueños juveniles y algo definitivamente carnal. Si entramos hoy en un instituto no encontraremos a más de cuatro pimpollos soñando con una Fender, menos aún dispuestos a pasar cientos de horas de oscura disciplina con la certidumbre de no parecer más que un pringao total, como define modélicamente El diario de Greg. Alicia Arauzo, directora de marketing de la multinacional discográfica Universal, piensa que aún es posible parecer molón con una guitarra eléctrica en las manos. «Claro que sí, da credibilidad y autenticidad. Todavía es un arma para vender», asegura. «El consumo de música siempre ha sido cíclico y es cierto que el rock ha perdido relevancia, especialmente en el sector discográfico; sin embargo, en el directo aún es muy fuerte, tanto en giras como en festivales». Arauzo explica por qué el rock ha perdido el mojo. «Las bandas no interesan en el nuevo modelo de consumo de música, que es poco fiel y basado en la canción como formato. La escucha en streaming no ayuda a los grupos, que son artistas más de obra, de álbum».Javier Gayoso es director de Spotify en España desde hace tres años y puede decir algo al respecto. «El periodo álgido del rock fue entre 1967 y 1968, según un análisis de las 5.000 canciones más populares desde los años 50 hasta hoy que encargamos a The Echo Nest, plataforma de estudio de datos aplicada a la música», explica. (El análisis de datos es uno de los paradigmas de la nueva forma de escuchar y crear música; y eso por supuesto hace que los rockeros pongan cara de haber mordido un pomelo).«La música más escuchada en Spotify es el pop», dice Gayoso, quien por cierto este año en sus vacaciones recorrió la Ruta 61 de EEUU en busca de las raíces del blues y el rock. «El rock no es lo más importante, pero todavía nos acompaña, y es uno de los géneros que mejor se han reinventado. Rejuvenece constantemente y le quedan muchos años», aventura.Un flashback. En 1989, la caída del comunismo en Checoslovaquia sobrevino por la Revolución de Terciopelo, bautizada en homenaje a la Velvet Underground. ¿Qué revolución se haría hoy al ritmo de un grupo de pintorescos melenudos? Nacho Gallego responde: «A nivel político creo que es cada vez más difícil conseguir bandas sonoras para una revolución; en el caso del rock ha perdido ese privilegio, si es que alguna vez lo ha tenido». Y recuerda cómo el sonido de la Primavera Árabe fue electrónico, no guitarrero, con el electro chaabi egipcio como mejor ejemplo.En lugar del rock, dos tornados han puesto a dar vueltas las cabezas (y los culos) de la juventud global, ayudados por la revolución tecnológica: el hip hop y el dance. Dos músicas electrónicas que han encontrado la horma de sus zapatillas en el consumo de canciones en streaming, concepto que aporta la tercera parte de los ingresos de las compañías discográficas.Del rap se dijo que era el nuevo rock and roll hace tanto tiempo que la sentencia ya chochea (nivel «internet es el futuro»); desde hace dos décadas, los chavales sueñan con ser raperos más que rockeros en países tan diferentes como Nigeria, Líbano, Puerto Rico o Francia. Tampoco es un género nuevo el dance. Tan rehenes de sus pasados como el rock, ambos estilos se reparten hoy las listas de éxitos planetarias. Comparten una estética digital en la que todo el espectro de sonido está procesado o alterado a través de un ordenador; ni siquiera las voces aparecen completamente naturales. Y, por supuesto, ambos son mucho más baratos de hacer que el rock.Aprovechando este panorama, los críticos han aflorado, citando invariablemente Retromania de Simon Reynolds, un libro sobre la regresión crónica de la música popular occidental. Hay quien dice incluso que no hay estilo de música tan conservador e inocente como el rock, que se regodea en la nostalgia y el inmovilismo.Puede que todo esto sea cierto y que el rock parezca la Estatua de la Libertad en El planeta de los simios, pero los que trabajan vendiendo estos discos y grupos piden calma. Lucas Holten, director de marketing internacional de la discográfica Warner, quita hierro al dominio de otros estilos en internet. «El año pasado hicimos una investigación de las ventas de música electrónica de la compañía, y no suponían más que el 4% en el mercado de álbumes», revela. «Nosotros ahora buscamos talentos nuevos en la electrónica, pero siempre seguiremos buscando grupos de rock». Es posible, en resumen, que el rock haya muerto para volver pronto a golpearnos en la cara como un bumerán de ruido, liberación y axilas peludas.

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