Desordenada habitación

PEDRO SIMÓN

Desordenada habitación

Te pasaste un lustro estudiando Veterinaria, para después acabar en una tienda de ropa aguantando besugos.

Estuviste cuatro años haciendo Periodismo, para al final terminar entrevistándote a ti mismo, implacable, en cada noche de insomnio.

Te tiraste tus mejores días estudiando Derecho porque soñabas ser juez, para luego tener que pleitear en la oficina de empleo, sentarte en el banquillo de los desocupados, juzgarte culpable de todo.

Acabaste Físicas con decoro y ya lo estás viendo: no hay fórmula que valga. Todo es mentira. Y sólo es verdad lo que has subrayado en la revista Muy Interesante: “Soportamos sobre nuestros hombros una columna invisible de aire de casi una tonelada de peso”.

Por más que nos hablen de que el orden está viniendo, España ya es como la habitación de mis hijos: no hay ni un solo muñeco que esté donde debería estar. Soldaditos desparramados; balones deshinchados; álbumes de cromos sin terminar; peluches descosidos por la cabeza; diarios de adolescencia con las hojas arrancadas.

En mi bar -donde no nos sacan de las pipas y del Canal+Liga- ya lo sabíamos todos sin cobrar de la OCDE: nuestro país tiene el mayor porcentaje de jóvenes trabajando en empleos basura.

Te presento un país donde los contratos duran horas o semanas. Te presento un ejército que ha cambiado el eslogan: “Sin curro, sin beca, sin casa, (sin) con miedo”. Y te presento también a un plusmarquista de la mierda: 16 horas de trabajo diario limpiando cuadras por 30 euros (sin guantes, sin botas); 130 contratos en dos años; qué se yo lo que calla… El chico gallego se llama David. No es coña (búsquenlo en Google): se apellida Pena.

(…)

Dicen que la locomotora de la economía echa humo y a ti te duelen los brazos de palear con carbón y andas tiznado de negro.

Dicen que es cuestión de tiempo que te llegue tu momento. Y de optimismo, y de fe, y de tranquilidad, y de amor propio. Justo lo que ya no tienes.

Dicen que ya vino la Recuperación, que anda por ahí flotando aunque muchos jóvenes no la vean. Y que el que no la sienta muy adentro (como hacen los pastores evangelistas cuando te meten a dios a 220 voltios con sólo imponerte las manos) es que lo hace por chinchar al Gobierno.

«Dicen que estamos en el antedía -escribía Blas de Otero-, yo diría: no sé ni dónde estamos».

http://www.elmundo.es/opinion

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