¿Realmente cantaba el Rey David las mañanitas?

¿Realmente cantaba el Rey David las mañanitas?
Las hemos cantado muchas veces, pero pocas reflexionamos acerca de su origen. Como músico que es, nuestro colaborador nos ofrece un breviario cultural acerca de un personaje histórico a quien invocamos siempre delante de un pastel con velitas.

Por: Fernando Rivera Calderón

Pocas cosas tan patéticas y aborrecibles como que te canten las mañanitas a coro los meseros de un restorán en el que “un amigo” tuvo la ocurrencia de comunicar que era tu cumpleaños.

Ignoro a quién se le ocurrió la práctica que se ha esparcido como una epidemia de severo mal gusto, sobre todo cuando escuchamos versiones alternativas de las mañanitas que parecen consignas del SME.

Reconozco que si bien parece un acto movido por una supuesta buena fe, tampoco está chido que todos se enteren que fuiste a celebrar tu cumple a los Bísquets de Obregón.

¡Ay de aquellos que sean descubiertos en su festejo porque serán rodeados por los meseros sin posibilidad de escapar de ese canto lastimero que nos recuerda cuán insoportable puede ser la existencia!

Antes de que los meseros se asumieran como cantantes, en los restoranes y en las casas de millones de mexicanos se solían poner las clásicas mañanitas cantadas por Pedro Infante que arrancaban con la bella frase de: “en la fresca y perfumada mañanita de tu santo”. Debo decir que, como mexicano, escuché esta versión de las mañanitas hasta el hartazgo: se rayó el vinil y se rayó el cd de tanto ponerla.

Me pregunto si realmente fue el Rey David el autor del primer one hit wonder de la historia. Más allá de lo que las religiones nos dicen de que si era antepasado de Jesucristo o un profeta de Alá, el famosísimo Rey David era músico y poeta. Cuentan los textos bíblicos que era como el Hendrix del arpa y que su sensibilidad tocando dicho instrumento calmaba los temperamentos más atormentados; además derrotó a Goliat, líder del cártel de los filisteos (que era una especie de Fernández Noroña de más de dos metros de altura), con una simple piedra y sin usar armadura, porque la que le dieron le quedaba grande.

Cuando se le juzga como gobernante sus debilidades carnales son vistas con mayor severidad, pero lo cierto es que el Rey David era un rockstar. Su mayor pecado fue enamorarse de la esposa de un soldado llamada Betsabé, mujer que lo hizo sentir que “los pajaritos cantan”.

Sin embargo, el único pajarito que cantó fue el suyo ya que Betsabé quedó embarazada y al Rey David que era muy hábil para matar gigantes y hacer canciones, se le hizo fácil mandar al soldado cornudo al frente de batalla para que se lo echaran y el pudiera seguirle cantando las mañanitas a Betsabé, quien a la postre se convirtió en su esposa favorita, cosa que a Dios no le agradó y se la cobró con el primer hijo de David y Betsabé, ya ven cómo es de resentido ese señor.

La cosa es que el Rey David hizo muchas canciones pero como en ese tiempo no había sociedad de autores y compositores, ni Manzaneros, ni disqueras, ni piratas, pues no había manera de que quedara registro de su obra, mucho menos de que cobrara regalías.

Al final el legado musical del Rey David pasó a segundo término ante los ojos de la historia que privilegió su faceta de salvador del pueblo judío, pero todos los días, a todas horas, en cualquier lugar, su nombre es invocado para cantar las mañanitas recordando al músico inspirado, enamorado y caliente que, además de todo, llegó a ser Rey.

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