Puñalada

Puñalada

Una puñalada por la espalda sin sentido que produjo la muerte de un joven rumano la noche de San Juan en la playa de la Malvarrosa me ha llevado a la novela El extranjero, de Albert Camus. En ella el protagonista mata a un árabe sin saber por qué, solo debido a que tenía un revólver en la mano y fue deslumbrado por el sol. Este crimen absurdo se realizó bajo la luz restallante del mediodía en una playa de Argel. El crimen de este solsticio de verano ha sucedido de noche bajo el resplandor de las hogueras en la playa de la Malvarrosa, donde en un tiempo feliz, ya muy lejano, leí la novela de Camus. En los dos crímenes hubo una reyerta previa, en la que ninguno de los dos protagonistas había intervenido, solo que el disparo del revólver y el navajazo rompieron el misterio pagano, el fuego, los cánticos, el placer de los cuerpos desnudos, el primer sexo imprevisto, el olor a sardina asada, la indecible ansia de felicidad, la melancolía del tiempo que huye y el deseo imposible de agarrarse a un asa de viento para huir, la espera de ese sol que a partir de esa noche comenzará de nuevo a morir hacia el otoño llevándose por delante nuestra memoria hacia las hojas amarillas que de nuevo cubrirán los caminos. Decenas de miles de celebrantes en la Malvarrosa celebraban el misterio en la playa y allí se produjo el rito que ya es constituyente de la cultura moderna. En medio de la fiesta suena la sirena del SAMUR, unos enfermeros con chalecos reflectantes se apean del furgón, atraviesan la multitud que ignora lo que ha sucedido y sigue bailando, alguien pregunta qué ha pasado, hay un acuchillado boca abajo sobre un charco de vino y sangre, se oyen gritos de felicidad dentro del mar, música de acordeón alrededor de las brasas de los asados, alguien pide auxilio con un alarido que nace del fondo del Mediterráneo.

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