Poética de la política

Poética de la política

Vicente Verdù

Impossible is nothing (“Nada es imposible”) fue el eslogan que lanzó Adidas en 2011 mediante una inversión de más de 50 millones de dólares en todos los medios de comunicación mundiales. Se trataba de un eslogan comercial pero como también proclamaba una contagiosa filosofía de vida obtuvo numerosos premios y aplausos de los muchos profesionales de la autoayuda y el marketing internacional.

No es extraño, pues, siendo Adidas lo que es y el deporte “el origen del Estado” (Ortega y Gasset) que las organizaciones más recientes, desde Podemos hasta Sí se puede (Tenerife) o Aragón sí puede, hayan incorporado ese estilo a sus campañas. Más aún: siendo el deporte una disputa contra rivales y en una liza por ganar más puntos (votos) en la clasificación, los militantes de Vamos Granada, Guanyem o Barcelona en Comú remedan los gritos de la acalorada afición en los estadios.

Y no acaba ahí la cosa. Frente al lenguaje tan perdedor como hermético de las siglas (IU, UPyD, CiU, PSOE, PP) las nuevas agrupaciones adoptan una nominación con palabras abiertas, inteligibles y enteras. Si se trata de proponer alternativas, los grupos son Cambia Logroño, León Despierta, Alter Ciudad (Zamora), Camviem entre tots (Castellón) o Hartos.org (Guadalajara) insistiendo todos en acabar con todo lo preexistente.

Cambiar efectivamente lo establecido mediante llamadas a una libertad que alude no ya a la abstracta evocación constitucional sino a la circunstancia personal de cada ciudadano (Ciudadanos). Pero por añadidura, tal como si un esposo del matrimonio, harto de soportar al otro, exclamara un día: “¡ahora me toca a mí”! Así tanto Ahora Madrid como Ahora Murcia, Somos Oviedo, Som Palma, Toma la Palabra (Valladolid) forman un coro de voces contra un largo y ya insoportable abuso en la coyunda. Complementariamente, las enseñas de Participa Huelva, Participa Sevilla, Marea Pontevedra, Marea Atlántica (A Coruña) reiteran la idea del fenómeno deportivo junto a la amenaza del incontrolable mar.

En realidad y muy significativamente, han bastado dos mujeres bravas, dos modelos de mujer/mujer que, haciendo en política las veces de los grandes iconos comerciales, han atraído con su patente nobleza la adhesión de una extensa clientela. Ada Colau en Barcelona y Manuela Carmena en Madrid serían como los faros personalizados de esta nueva y aclarada imagen de la acción pública.

¿Una nueva forma de hacer política? ¿Una nueva literatura de la representación? En definitiva, una época inaugural donde las distancias se acortarían entre gobernantes y gobernados y donde a la polis tradicional sucedería el domus más popular. Prácticamente igual al modelo que impera hoy en la oferta de cualquier producto. Personalizar, aproximarse, es la clave para vender y para llevar la política hacia una vida más sana donde -desde Ortega a Adidas- el deporte próximo y festivo sería su inesperado inspirador.

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