El bello mundo

El bello mundo

Veo, desde aquí arriba, los granados en flor, los naranjos en fruto, los melocotoneros y su oferta carnal, los ciruelos apostados más cerca del río, los limoneros balanceando su oro. Estoy en mi azotea, pavimentada con ladrillos rojos; invadida por buganvillas de un morado tan puro como el amor, de glicinias de un morado tan dulce como el amor. Todo es como el amor, que se arriesga a decir su nombre a gritos, agitando sus ramos. Quiero concentrarme en lo que escribo, y me disperso. Y dejo de escribir por contemplar sus dulces movimientos florales de solidaridad. Sé que este mundo es suyo, y yo estoy de prestado: espectador alegre, seducido y pasajero. Quiero escribir de lo que en España nos sucede: para eso subí aquí. Pero no puedo pensar en otra cosa que en la hermosa presencia, que me asedia; que sonríe moviéndose en silencio, vibrando en él. Siento vergüenza de ser tan sólo humano de color y de forma. Trato de concentrarme en su belleza, en tan imponderable y tan alegre vibrar, en su saludo vivo; en la cariñosa bienvenida de sus tallos y ramas y pétalos y olores… ¿Cómo poder escribir sobre otro tema? ¿El ser humano se cree más importante que sus alrededores del mundo en el que habita?

ANTONIO GALA

http://www.elmundo.es/opinion

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