Cuatro chimpancés

Cuatro chimpancés

ULISES

RAÚL DEL POZO

Como saben, el hombre y el chimpancé son parientes; el 99% de sus genes son comunes a las dos especies. Algunos biólogos vacilones han comparado a los machos alfa con los líderes políticos. «El atril es el risco en el que se sienta el chimpancé alfa», dijo un día Luis Arroyo, uno de los españoles con originalidad. El líder alfa, al que se le hace la ola en los mítines, y se le aplaude en el Congreso aunque diga necedades, se le vota en las elecciones y se le deja que saquee nuestros impuestos, pero no goza en este tiempo de la veneración antigua; no le hacen reverencias, sino escraches y si se descuidan, los capan. A los 50 años los apartan de la manada por artríticos y peludos. Prefieren lolitas, pibones, efebos o septagenarias que cuiden de los nietos antisemitas o antisistema.

Todos quieren perecerse al macho alfa Obama; algunos cantan y bailan como él, pero no aprenden oratoria. Ni siguen el ejemplo deJulio César, que cuando ya tenía el carisma del guerrero invencible, comprendió que para triunfar en el Senado romano necesitaba no sólo escribir en un gran latín, como ya lo hacía, sino darle a la larga como Cicerón y se fue, como Tulio, a aprender oratoria con Molón de Rodas.

Los políticos de hoy no están preocupados por la dialéctica, sino por el escorzo y la corbata, por las redes sociales y la televisión. Quieren parecerse a los presentadores de concursos, marujean en los platós; olvidan, con su mentalidad de culebrones, que aún es la prensa escrita la que configura en gran parte el discurso mediático. De los cuatro que aspiran a ganar, algunos son líderes mediáticos ególatras y que dan bien en televisión y otros carecen de carisma. Tener carisma es poseer magnetismo, ángel o demonio, capacidad de persuasión, ser buen comunicador. Carisma viene del griego y es la calidad de agradar. Tener carisma en español vulgar es tener tirón, ejercer atracción sobre su persona, como los vendedores de pócimas. Se puede tener carisma por ser cojo, como Romanones, llevar flequillo como Kennedy o ser un chapero de albergue lleno de odio como Hitler.

Para algunos analistas, Mariano Rajoy es el anti-líder carismático; los otros tres candidatos a ganar tienen un carisma de gimnasio. Pedro Sánchez ha elegido la liturgia de las campañas americanas, con la bandera; le faltan ‘majorettes’. Por ahora es Mariano Rajoy, no el que más gusta, sino el que aún puede ganar las elecciones. Las propuestas de los cuatro se parecen: socialdemocracia radical o suave, lucha contra la corrupción mientras enchufan a sus novias, transparencias mientras se esconden en el nuevo armario. Pabloinvoca a la socialdemocracia y huye de los comunistas como de la peste. Todos ellos buscan que les voten más por sus imágenes que por sus ideas, quizá porque, como escribió Bertrand Rusell, «el pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas».

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