Viva el pan y circo

Viva el pan y circo

EMILIA LANDALUCE

No sé qué se tiene en contra del noble pan y circo (‘panem et circenses’ para los que esta noche se dediquen a la lectura de Juvenal en lugar de ver el Barça-Real Madrid). El entretenimiento, como el humor, es lo único que nos queda frente a esta tragicomedia que es la vida. Piensen en lo que en unas horas se perpetrará en Andalucía. Si las encuestas son certeras, asistiremos al principio del final del bipartidismo -aún está por verse si no acabaremos anhelándolo- y qué mejor manera de homenajearlo que disfrutar con su único rescoldo: un Real Madrid-Barça (con permiso del Atleti) ¡Como si en “los gachós” de Susana Díaz o el «mira bonita» de Soraya Sáenz de Santamaría no hubiera pan y circo.

¿Se da una importancia excesiva al clásico? Me parece que sólo los sufridos vecinos de las calles aledañas al Bernabéu y al Camp Nou tienen motivos de peso para hacer semejante afirmación.

El viernes, ‘Expansión’, el salmón propiedad de Unidad Editorial que lidera la información económica en España, auditaba la importancia del partido y concluía que era el más importante del mundo por el valor de sus plantillas, número de seguidores, audiencias… Sin olvidar además la repercusión mundial del enfrentamiento que, seguramente, será más seguido que el debate de investidura de Susana de Triana. El 7% de los europeos se confiesan blaugranas o merengues mientras el 55% de los chinos dice seguir a uno de los dos equipos españoles. Así nos podemos ahorrar hasta a Margallo.

Por otro lado, la pasión por el fútbol no excluye otros intereses. Hay doctores en literatura que aún lloran la marcha de Mourinho y porfían contra el piperío del Bernabéu. El fútbol, como cualquier entretenimiento es el alivio de nuestros días. Como dijo el sabioFrancisco Cruz, sindicalista de CCOO: “¡Ahora, sin más preámbulos, a tomar cervezas, a vivir!”. Y a ver el fútbol. ¿Quién quiere opio del pueblo?

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