LA VERDAD SOBRE LA LEY MORDAZA

Agente echando un ojo a la democracia. copsadmirer@yahoo.es (Flickr)

Todo el mundo sabe que el ejercicio de la libertad de expresión da lugar a manifestaciones que, a su vez, complican los accesos al centro. Y todo el mundo sabe que gobernar consiste fundamentalmente en tomar decisiones por el bien de la ciudadanía. Esta semana, nuestro Gobierno ha tenido que elegir entre la libertad de expresión y el tráfico fluido, y ha optado por lo segundo.

La decisión ha sido ampliamente incomprendida, sobre todo entre organizaciones sociales, judiciales y periodísticas. Tampoco parece haber gustado a la ONU, organización mundialmente conocida por sus posicionamientos de extrema izquierda en lo que a libertades se refiere. Temen, eso dijeron sus relatores hace unas semanas, que la reforma del Código Penal socave “los derechos de manifestación y expresión”. Del tráfico, sin embargo, no dicen una palabra.

Advierte también la ONU de que la Ley Mordaza (así la llaman los izquierdistas) podría vulnerar el derecho de reunión. Una consideración absurda, ya que las reformas del Código Penal no impedirán reunión alguna, siempre que ésta se desarrolle como Dios manda. En ningún caso, así lo aclara la Ley, se penalizarán los encuentros con fines folclóricos tales como trasportar una Virgen de madera de una iglesia a otra o la jovial algarabía propia de las competiciones futbolísticas (salvo que se pite al himno o a cualquier otra iconografía patria, como es obvio).

Tanta advertencia resulta, por tanto, innecesaria. Es más. Olvidan los críticos que el Gobierno no necesita una ley para socavar la libertad de expresión. Le basta con un puñado de hombres y mujeres en puestos clave dispuesto a alquilar su dignidad por unas pocas monedas. Por unos canales de TDT, por un trato preferente, por un quítame allá esa norma. Una llamada, y me apartas a ese presentador. Otra, y me cambias al director de tu periódico.

La ley Mordaza entrará en vigor el 1 de julio. Este verano va a ser una gozada circular por el centro. Al menos, si te gusta circular en silencio.

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