El narcisismo de la patada

El narcisismo de la patada

Un joven borracho da una patada a una chica que está esperando para cruzar en un semáforo y la derriba al suelo. El psicopático hecho quizás no merece mayor reflexión. Nadie puede pensar y golpear a otra persona al mismo tiempo: los actos violentos son irracionales y no suelen merecer un análisis.

Pero en pocas horas el vídeo de la necedad grabado por los amigos se convierte en viral. Y esto sí es un fenómeno social nuevo al que podemos dar algunas vueltas…

Lo primero que nos podemos preguntar es por qué esta tendencia actual a exhibir todo lo que hacemos, incluso aquello que nos denigra. ¿Desde cuándo sufrimos esta inflación de ego? La psicóloga Jean Twenge, en un controvertido libro, etiquetó como ‘Generación Yo’ a una gran parte de la juventud actual.

Se trata, según ella, de jóvenes -como el protagonista de la gamberrada- nacidos en los 80 o en los 90. Ella los describe como individuos arrolladores y arrogantes, encantados de conocerse a sí mismos, producto de una sociedad que refuerza continuamente la importancia del yo. Ellos saben que en una cultura individualista como la actual, lo importante es sobresalir, da igual cómo.

Como nos recuerda Twenge, el narcisismo de esa generación por el auge de una “cultura basura” que prima el egocentrismo por encima del esfuerzo. La inmensa mayoría de los famosos actuales son ídolos que no han aportado nada y los jóvenes saben que el éxito no tiene nada que ver con el talento. Esta forma de entender la vida ha encontrado un campo de acción perfecto en las redes sociales: para muchos jóvenes, éstas solo sirven de escaparate para la autopromoción. Cuentan en ellas sus fiestas, cuelgan sus fotos con todos sus cambios de estilo, presumen de sus ligues,…

Y ahí viene la segunda pregunta interesante: ¿por qué se reproducen estas tonterías hasta convertirse en virales? Susan Blackmore, en su libro ‘La máquina de memes’, elaboró algunas hipótesis acerca de nuestras razones para trasmitir información. Ella se preguntaba por qué ciertos estímulos se convierten en memes, en unidades de información que repetimos aunque no nos gusten. Un ejemplo: el ‘Cumpleaños Feliz’ es una de las melodías más cantadas en todo el planeta… aunque es difícil encontrar a alguna persona a la que entusiasme la cancioncita.

No existe todavía una ciencia ‘memética de internet’ que analice por qué algo se convierte en viral. Pero parece evidente que hay factores necesarios, aunque no suficientes, que nos llevan a compartir ciertas imágenes o vídeos. Se trata, por una parte, de estímulos novedosos, que no hayamos visto antes. Y, por otra parte, tienen que ser emocionalmente significativos: tienen que tocarnos la fibra, llegar a nuestro lado visceral. Para bien (nos alegran o nos hacen reír) o para mal (nos enfadan o nos dan asco)…

En esto último podemos basar nuestro optimismo. Aunque estos fenómenos de popularidad de los actos estúpidos produzcan al principio un cierto desánimo acerca de la psicología del siglo XXI, no deberíamos darles mayor trascendencia. Que un vídeo de un representante de la ‘Generación Yo’ haciendo una idiotez se convierta en viral no significa que ese tipo de comportamientos sea aceptado.

Al contrario: la indignación del público puede llevar al sujeto a la fama (por aquello de que su acto produce una reacción visceral), pero también a su caída. Hay que recordar que son esas mismas redes sociales usadas por los narcisistas para auto-promocionarse las quehan permitido localizar y detener al protagonista.

Twenge tiene razón: hay muchos jóvenes con sobredosis de ego. Pero viven en un mundo en el que el egocentrismo sólo resulta patético o indignante. El público se divertirá o se indignará con ellos (o las dos cosas a la vez). Luego los pondrá en su sitio recordándoles que al narcisismo le pasa como a cualquier otra sustancia: todo puede ser venenoso, depende de la dosis.

(*) Luis Muiño es psicólogo, psicoterapeuta y responsable del blog El hábitat del unicornio.

http://www.elmundo.es/opinion

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