El hombre que saborea las palabras

Imagen: Birthe Van Der Veken (Flickr, CC)Imagen: Birthe Van Der Veken (Flickr, CC)

Cada vez que James Wannerton pronuncia una palabra, su cerebro activa los circuitos del sabor y para él es como estar disfrutando de una comida. El fenómeno, conocido como sinestesia, se manifiesta en él de una manera tan particular que incluso los acentos del inglés tienen distintos matices y prefiere el sonido suave de las d’s y las t’s de los norteamericanos.

 

La palabra “college” (Universidad), por ejemplo, le sabe a salchichas, el nombre de “Karen” le sabe a yogur, y la palabra “yogur” le sabe a laca para el pelo. Una de sus palabras favoritas es “most” (el superlativo en inglés) que le sabe como una deliciosa tostada crujiente y que prefiere no pronunciar ni escribir porque le distrae y no puede dejar de pensar en comerse una. Cuando viaja por el metro de Londres, relata a BBC, Wannerton experimenta una cascada de sabores con cada uno de los nombres de las estaciones y leer un simple email de lo más soso, bromea, puede ser para él una gran experiencia ‘culinaria’.

La sinestesia es la condición que tienen algunas personas de asociar sensaciones percibidas a través de diferentes sentidos. Son frecuentes los casos de personas que asocian las vocales o números con colores, los sonidos con percepciones visuales, etc. Aunque se ha estudiado en profundidad, la causa última que lo provoca no se conoce y hay quienes apuntan a factores genéticos, como David Eagleman, o quienes sugieren, como V.S. Ramachandran, que se trata de una especie de solapamiento de áreas cerebrales adyacentes, como si no se hubieran formado bien los límites entre lo que se ve y lo que oye y lo que se huele, por poner un ejemplo.

 

En cuanto al sabor, se conocen otros casos curiosos, como el de Michael Watson para quien es la comida la que despierta sensaciones táctiles. Si toma hierbabuena, por ejemplo, siente como si pasara la mano por una larga columna de cristal o de mármol. Y las pruebas muestran que para él es una sensación tan real como la que experimentamos cualquiera por nuestros sentidos. De hecho, es frecuente que las personas con sinestesia no se den cuenta de que tienen una forma ‘especial’ de sentir el mundo hasta que no sucede algo concreto. En el caso de Wannerton, él y sus padres se dieron cuenta de que pasaba algo raro cuando tenía 10 años porque los sabores que asaltaban su mente mientras leía le dificultaban el estudio. Hoy en día ha aprendido a vivir con estas sensaciones e incluso disfruta de la lectura en una dimensión que los demás no podemos ni imaginar.

Referencia: What’s life like for a man who tastes words? (BBC)

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