El bien común

El bien común

Pensamos que la Humanidad es una masa gris. Y quizá sea un problema de distancia. Cuando digo que tengo fe en el hombre y esperanza en el hombre, no hablo sólo en abstracto; no me refiero sólo a la especie que triunfó sobre la Tierra y se encarniza ahora contra ella. Me refiero a cada uno de los seres humanos, que nacen, se fatigan por sobrevivir, hacen el bien o el mal, se identifican a sí mismos, se entregan a otro o se niegan a otro, envejecen y mueren. Me refiero a cada uno de los individuos, sin los cuales la colectividad no existiría o no sería la misma. Los grandes movimientos culturales los acaudilla, en apariencia, un individuo; y sus epígonos son también individuales; y después lentamente se incorporan adhesiones anónimas. Vivimos ‘ad exempla’: la mayoría acata el mando de sus líderes y se les asemeja. Pero ¿es así de simple? ¿Un genio del arte, de la ciencia, de la política, surge espontáneamente? ¿No ha respirado, mamado, sorbido la savia de los otros, tan presentes en él como él mismo? ¿No existe la memoria colectiva; un secreto impulso común que se concreta; el subconsciente que nos alimenta más o menos a todos? O la Historia está escrita, o la escribimos entre todos. Sin que ni una sola mano pueda dejar de hacerlo.

ANTONIO GALA

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