Cervantes y la alcaldesa

Cervantes y la alcaldesa

No es que hayan llegado a la iglesia de las Trinitarias Descalzas los profanadores de tumbas, estuvieron allí escarbando en los esqueletos para encontrar el de Miguel de Cervantes. En vida no le ayudaron ni para cambiarse de piños -sólo le quedaban seis- y cuatro siglos después de su muerte, remueven su osamenta siguiendo la pasión española del culto a las reliquias. El amor a las calaveras, el fetichismo de los gusanos, la adoración a los mantos de las vírgenes y a los trajes de luces nos define. Colocaron en los templos ojos, pies, uñas, sangre y manos de los santos, y hasta se traficó con las ensangrentadas ropas de los mártires. Ahora hemos llegado a la superstición con ADN.

Los que buscaban huesos en la iglesia de las Trinitarias, la orden que lo liberó del cautiverio de Argel, declaran haber encontrado los restos de Miguel de Cervantes y de su esposa Catalina de Salazar. El equipo de expertos ha hecho análisis de laboratorio con espectrómetros y confirma la autenticidad del descubrimiento. Yo no creo que esos sean los restos de Cervantes, y si lo creyera, me parecería irrelevante; no serían más que ceniza de galaxia, polvo. En el último capítulo de El Quijote se narra la muerte del caballero andante y Cervantes envía el mensaje cifrado de que no le toquen ni los huesos ni los huevos. Escribe: «Para mi sola (la pluma) nació don Quijote, y yo para él, él supo obrar y yo escribir, solos los dos somos para uno». Pide que dejen reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos, y no le quieran llevar, «contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciendo salir de la fuesa, (huesa, hoyo para enterrar un cadáver) donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo». Los huesos de Cervantes, como los de Don Quijote, no deberían haber sido movidos y sobados en la fuesa.

No habrá sido difícil encontrar huesos con arcabuzazos. Pero, ¿ahora qué vamos a hacer con él finado? ¿Enseñarlos a los turistas como si fuera Lenin?

Hablo con Ana Botella. La encuentro eufórica, feliz. Le digo que ya no podrá disfrutar del luminoso comedor, de la vista de la diosa Cibeles, nuestra estatua de la libertad, ni de las terrazas deslumbrantes del palacio, donde se refugia la luz y el color del Museo del Prado. «No podrá emocionarse observando la esquina de oro Gran Vía-Alcalá. No sólo quieren echarla, señora alcaldesa, los de Podemos, sino también Esperanza Aguirre, por odio a Alberto Ruiz-Gallardón». La risa de la alcaldesa estremece los torreones pentagonales y me dice que cree que no le prohíban subir a los miradores y a las terrazas donde está el restaurante. Le pregunto, después, que cómo va y cuánto ha costado la búsqueda de los huesos de Cervantes. «No tenemos nada seguro, hay que hacer una serie de comprobaciones. Daremos todas las explicaciones sobre el resultado de la búsqueda. En cuanto a lo que va a costar, no lo tengo a mano, pero es una cifra modesta si se trata de encontrar los huesos de don Miguel de Cervantes».

RAÚL DEL POZO

http://www.elmundo.es/opinion

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