De la luz a las tinieblas

Jaime Alberto Velez G.  Al principio, las ranas cantaban al amanecer —como acostumbran hacerlo los pájaros—, para celebrar la luz de un nuevo día. Con el correr del tiempo, sin embargo, descubrieron que ese desbordamiento de alegría resultaba insensato, pues mientras más cantaban al sol, más secaba éste las aguas.
Desde entonces, y en venganza, las ranas cantan la llegada de la noche, pero lo hacen despacio, sin emoción, no sea que de repente la oscuridad también les resulte nociva.

Jaime Alberto Vélez G.

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