BARCENA MAYOR

 

En el valle de Cabuérniga, siguiendo el curso de los ríos Saja y Argoza, a través de parajes incomparables, llegar a Bárcena Mayor provoca en el viajero la sensación de retroceder varios siglos en el tiempo. El regular trazado de sus calles, lo pintoresco de sus casas y su entorno natural, hacen del lugar uno de los rincones más bellos de Cantabria.
A orillas del río Argoza, en pleno corazón de la Reserva Nacional del Saja, se encuentra Bárcena. Su nombre, de origen preindoeuropeo, es antiquísimo y viene a significar recodo pequeño, llano y cultivable formado por un río. Bárcena Mayor conserva aún el ambiente típico de su remoto origen. Situado entre montañas y en zona de tránsito entre el valle y la meseta, todavía quedan restos de la antigua calzada romana, aunque los primeros datos históricos se remontan a la Edad Media. Algunos autores sitúan su origen en el siglo IX, dependiendo del monasterio de Santa María de Yermo, pero es probable que las fechas sean algo más tardías. Ya en el siglo XII, en época de Alfonso VIII, pasó a depender del monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña. Durante el resto de la Edad Media, el lugar de Bárcena Mayor vivió inmerso en los avatares históricos del valle de Cabuérniga, en relación con la casa de la Vega. Cerca de Bárcena Mayor debió pernoctar Carlos I en 1517, en su primer viaje a España, enfermo según las crónicas y pasando muy mala noche debido al frío y la lluvia. Hasta mediados del siglo XVIII apenas existen noticias, pero el pueblo debió ir prosperando, tal y como indican los datos del Catastro de Ensenada, donde destacan las casi doscientas casas, su abundante ganadería y la artesanía de la madera.

Durante la segunda mitad del presente siglo el pueblo sufrió el habitual proceso de despoblación. En los últimos años, el auge del turismo rural ha propiciado el acondicionamiento del entorno y la progresiva restauración de las casas.

Jose Eduardo Tobes

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