El mundo frívolo de Kim Kardashian

¿Qué dice de Estados Unidos la fama de Kardashian? Cada sociedad tiene derecho de idolatrar a quien le venga en gana, pero todo tiene un límite.

El mundo frívolo de Kim Kardashian

Para nadie es un secreto: se puede aprender mucho de una sociedad -y de su tiempo- por la manera como asigna fama o prestigio. En los últimos años, conforme se ha vinculado cada vez más con la visibilidad y el escándalo y menos con el prestigio, la fama se ha depreciado. En la era de las redes sociales y los reality shows, los célebres son aquellos que consiguen presencia mediática antes que prestigio tras años de esfuerzo. Es la ley de la vida en tiempos de la inmediatez y la evanescencia. En ningún lugar es esto más evidente que en Estados Unidos. Vivir acá es contemplar el encumbramiento de profesionales de la autopromoción, de la fama calculada y fabricada como quien planea una estrategia de medios.

 

El ejemplo más evidente, y para mí más asombroso, es el de Kim Kardashian, la socialité angelina cuyo ascenso a la fama ha sido tan meteórico como inexplicable. Aunque quizá soy impreciso al llamarle inexplicable. La fama de Kardashian tiene un trayecto y una explicación. En el 2007, apareció misteriosamente en la red un vídeo sexual de la señorita Kardashian con un tal Ray J, rapero de poca monta. El morbo derivó en interés y ese interés (apenas meses después) en un programa de realidad en la cadena E!, escaparate moderno para alcanzar el Olimpo de manera inmediata y simple. A aquello ha seguido un ascenso de verdad despiadado (y en cierto sentido admirable) en el que Kardashian consolidó una persona respaldada por… nada. Kardashian se volvió famosa por ser famosa. Su talento ha sido esconder su falta de talento y explotar esa percepción de prestigio nacida de la manera más grotesca (pero moderna) posible. Su fama está más ligada a la realeza y a la aristocracia que a la meritocracia.

 

¿Qué dice de Estados Unidos la fama de Kardashian? Podría uno decir que habla de una sociedad irremediablemente frívola, de la falta de figuras realmente admirables, de la pereza de los periodistas que han promovido a esta mujer, del imperio del morbo y lo inmediato antes que del esfuerzo. Todo eso es probablemente cierto y lamentable. Pero al final es, me parece, inofensivo. En suma, creo, cada sociedad tiene derecho de idolatrar a quien le venga en gana.

Pero todo tiene un límite.

En los últimos días, un nuevo fenómeno relacionado con Kardashian me ha puesto a pensar. Una cosa es la gente que una sociedad hace famosa y otra muy distinta vanagloriar la manera como esa gente se hizo famosa. En otras palabras: uno puede idolatrar a un patán pero celebrar y promover su trayecto hacia la patanería es otra cosa. Digo esto tras el éxito arrollador del producto más reciente del “imperio Kardashian”: una “app” en la que el jugador aspira a convertirse en un prototipo de Kim, ascendiendo hacia la fama usando las mismas herramientas banales que utilizara la señorita Kardashian desde que apareciera aquel video con Ray J.

La “app” se llama “Kim Kardashian: Hollywood”. En ella, el jugador tiene que aprender reglas de la celebridad del siglo XXI: “salir con gente famosa te ganará fans”, “las tras claves para volverse una celebridad: exposición, exposición, exposición”. El juego le enseña al jugador a lidiar con los paparazzi, los publicistas, los fans, las boutiques de moda, redes sociales y demás. AL final, si uno hace todo lo que debe hacer, puede acceder al famoso “a-list”: el olimpo de las celebridades modernas donde, claro, está la propia Kardashian.

Lo aterrador (pero previsible) es que la “app” ha sido un éxito. Hasta el momento, los que han descargado “Kim Kardashian: Hollywood” han pasado 2,800,000,000 minutos jugándolo. Dado que el diseño invita a los participantes a gastar dinero para seguir avanzando en la búsqueda de la fama, el juego genera alrededor de 700 mil dólares diarios. El juego es adictivo y sigue patrones establecidos con éxito por otros “apps” similares, como Candy Crush. Pero eso no basta para explicar el fenómeno. La fama al estilo Kim Kardashian se ha vuelto no solo un objeto al que se mira; se ha vuelto también un objetivo. La vida de Kardashian es ahora motivo de aspiración, como en otro tiempo lo fue la vida de otras celebridades con logros tangibles e inobjetables. Es una pena y un peligro. Con temor a sonar como un viejo tío amargado, dire lo siguiente: anhelar la gratificación instantánea y los reflectores a través del atajo más inmediato es una mala receta para las nuevas generaciones.

León Krauze

@Leon_Krauze

Fuente: http://www.animalpolitico.com/blogueros-ciudad-de-angeles

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