Breve historia de la lágrima

Breve historia de la lágrima
¿Cuántas lágrimas ha derramado el hombre frente a la piedra dura del dolor? Acaso la sola pregunta nos conmueva porque advertimos que las hipérboles de los poetas, esas desmelenadas exageraciones, no son peregrinas: mares y mares hemos llorado, de dolor, de hambre, de dicha o de asombro. Y también durante el sueño (el llanto más profundo, dicen los que saben, de cuantos pronunciamos). Desde Heráclito “y muchos siglos antes” que descubrió el fuego transparente que manaba de sus ojos, filósofo llorón enfrentado con el riente Demócrito de Abdera, atravesando por el llanto callado de San Agustín, quien lloró sin lágrimas “primero” y con lágrimas “después” la muerte de su madre Santa Mónica, hasta las lágrimas de la ópera de Donizetti, las mujeres y los hombres hemos llenado la vida con esa agua sola, de sal, cuya conformación química incluye el sodio, el potasio y el magnesio.Los hombres lloran menos que las mujeres (cuatro veces menos según la mentirosa estadística) y, sin embargo, agostadas por la baja producción de andrógenos en la menopausia, las mujeres experimentan con más frecuencia el síndrome del ojo seco. Cuadro clínico que, en las orillas del exceso, puede causar problemas de la vista.El llanto preside “como es ya lugar común” el inicio de la vida, y una lágrima se filtra (como aquella vieja lágrima del poema modernista imaginado por Luis G. Urbina) en la hora final: el escándalo de llorar o la discreción, verdadero recurso retórico esgrimido en el crepúsculo, de la última lágrima, ésa que rueda de soslayo, como un adiós agónico ante la pérdida del mundo: yo vi la lágrima final  de mi padre.Después de haber llorado tanto “reza el remedio casero” hay que lavar los ojos con ráfagas alternativas de agua fría y caliente durante diez veces, pero la última deberá ser fría. Las lágrimas liberan las tensiones que devastan la cotidiana vida de los mortales: abolición de la angustia, disipación del dolor y regreso simbólico al umbral de nuestra vida.¿Cuántos mortales hemos visto llorar?, ¿cuántas lágrimas hemos secado?, ¿cuántos lloros nos han, sin afectaciones postizas, conmovido? Entre las definiciones del hombre “desde la aristotélica hasta la de Xavier Zubiri: animal de realidades” quizá la menos convincente es la que afirma que es un animal de llanto múltiple y contradictorio. Poco tiene de diferencia específica, pero las causas antónimas del llanto nos mueven a considerar al ser humano en función de sus lágrimas: antes (durante y después) del dolor, bajo la clara sombra de la dicha o movido por los efectos de la oda elemental escrita por la cebolla. 

GILBERTO PRADO GALÁN

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Pintura de: Sandra García Ruiz

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