En 20 años descubriremos una nueva Tierra… otra vez

Vista desde un hipotético planeta habitable orbitando una enana roja

Kevin Hand es un reputado astrobiólogo y científico planetario que trabaja en el archiconocido JPL (Laboratorio de Propulsión a Chorro) de la NASA. Este licenciado en física, nacido a comienzos de la década de los 70 (como yo), es uno de los muchos científicos que sueña con las maravillas que el telescopio espacial James Webb(JWST para abreviar) va a permitirnos descubrir. Hoy sus palabras, y las de sus colegas, han vuelto a emocionarme como cuando tenía 20 años menos. Por desgracia, el cinismo ha aflorado apenas unos minutos más tarde.

Os cuento: ojeando The Register me topé con una especie de artículo-deseo-grupal en el que Hand sostiene algo que he oído ya innumerables veces: “Creo que en las próximas dos décadas descubriremos que no estamos solos en el universo“. Como digo no ha sido el primero, recientemente Seth Shostak afirmó algo más alucinante aún: “en 24 años descubriremos inteligencia extraterrestre“.

Conocí a Shostak en persona hace años y se puede decir que ya está en el ocaso de su carrera (nació unos 30 años antes que Kevin Hand) por lo que he visto decrecer su entusiasmo a medida que se cargaba de años. Hand en cambio es savia nueva, pertecene a la última generación de científicos ilusionados ante tal perspectiva histórica. Tal vez por eso me ha enganchado su optimismo, pero es que además no está solo.

Sara Seager, es profesora de ciencias planetarias y física en el MIT, también de la generación nacida a comienzos de los 70, e igualmente optimista ante el inminente fin de la soledad cósmica de la raza humana. Esto es lo que ha dicho: “En algún momento del futuro cercano, la gente será capaz de apuntar a una estrella y decir, ‘esa estrella tiene un planeta como la Tierra’“.

Matt Mountain se aproxima a los sesenta, y es en la actualidad director del Intituto de Ciencia en Telescopios Espaciales (STScl). Él también está ansioso y encantado de ser testigo de la época que le ha tocado vivir. Estas son sus palabras: “Imagínense el momento en que nos encontremos con posibles señales de vida. Imagínense ese momento en el que el mundo se despierta y la raza humana se da cuenta de que su larga soledad en el tiempo y el espacio podría haber finalizado; la posibilidad de que ya no estemos solos en el universo.”

Por lo que veo el JWST, que tiene previsto su lanzamiento para 2018, les tiene a todos fascinados. Este telescopio se situará en el punto de Lagrange L2, mucho más allá de la óbita de la Luna y será capaz de sondear las atmósferas de los exoplanetas lejanos que orbiten otros soles.

Entre las demás novedades interesantes en el campo de la búsqueda de exoplanetas que veremos en los próximos años, debería de incluirse al propuesto Telescopio de Inspección de Infrarrojo de Amplio Campo (WFIRST-AFTA), cuyo lanzamiento se prevé para principios de la próxima década, y al satéite TESS, diseñado para cazar exoplanetas mediante el método del tránsito, cuyo lanzamiento está previsto para 2017.

Ante semejante batería de nuevos instrumentos en proyecto, es normal que el gran jefe de la NASA, Charles Bolden, afirme emocionado: “Es muy poco probable, en la inmensidad sin límites del universo, que los humanos estemos solos“.

De verdad, de verdad, que deseo que todos estos científicos acierten, que yo lo vea, y que tu (querido lector) también. Deseo fervientemente que dentro de 20 años este eterno logro a punto de conseguirse se haga realidad, y que dejemos de una vez de hacer brindis al sol (o a la exo-estrella de turno). Solo pido, en fin, que nuestro entusiasmo no se apague poco a poco por el camino, como se le apagó la juventud al antes citado Seth Shostak, que hace 20 años afirmaba cosas similares a lo que ahora dicen Hand, Seager, Mountain y Bolden.

De lo contrario llegaríamos a una nueva paradoja temporal, como la del chiste que los físicos hacen sobre la consecución de la fusión nuclear. Por si no lo sabéis, dar con un método de generación energéica económicamente viable y basado en fusión, lleva toda la vida a sólo dos décadas de convertirse en realidad. El día que se consiga acabaremos con el doble problema energético-ecológico que amenaza con llevarse por delante a este sí, el único mundo plenamente habitable que conocemos hoy por hoy en el cosmos.

Si no logramos arreglar esto último, encontrar una Tierra-2 dejará de ser un mero ejercicio filosófico con el que entretener a nuestros astrónomos y pasará a ser una necesidad acuciante de la que podría depender nuestra supervivencia como especie.

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