Uno de cada 25 condenados a muerte en EE.UU. son inocentes (ESTUDIO)

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Por lo menos 4.1% de todos los convictos sentenciados a muerte desde 1974 hasta el 2004 eran inocentes, según un estudio estadístico presentado por Samuel Gross, profesor de leyes de la Universidad de Michigan. El estudio trató de demostrar no solamente las fallas del sistema de impartición de justicia penal en Estados Unidos, sino el hecho de que muchos convictos que son exonerados de la pena de muerte no reciben sentencia y quedan en el limbo legal hasta su muerte.

Este estudio se basó en la situación de 7,482 condenados a muerte entre enero de 1974 y diciembre del 2004, de los cuales 12,6% fueron ejecutados. Uno de cada 25 de ellos sería inocente, sin que el estudio pueda presentar sin lugar a errores cuántos de esos inocentes fueron ejecutados y cuántos murieron en prisión de por vida.

“Es un descubrimiento perturbador”, según Gross, pues los análisis estadísticos de supervivencia a la pena de muerte (gente que muere en el pabellón de la muerte o es exonerada, pero permanece sin recibir nuevas sentencias)

Además, Gross y sus coautores estiman que 36% de los sentenciados a muerte entre 1973 y 2004 (2,675 personas) fueron exoneradas de la pena capital, usualmente recibiendo sentencias de por vida sin libertad provisional, una sentencia de muerte diferida.

Refiriéndose al 4% de inocentes ejecutados, Richard Dieter, director ejecutivo del Centro de Información sobre la Pena de Muerte (de donde Gross extrajo su investigación), afirmó que “cada vez que tenemos una ejecución existe un riesgo de matar a una persona inocente. El riesgo puede ser pequeño, pero es inaceptable.”

 Y es que 4% podría parecer una cifra conservadora para algunos y justificable para otros, pero implica que al menos 200 personas que recibieron una sentencia de muerte eran inocentes. Por desgracia, es imposible saber cuántas de esas 200 personas fueron efectivamente ejecutadas a pesar de ser inocentes, y cuántas permanecen en el limbo legal, al ser considerados presos no prioritarios para el sistema de justicia y que, según Gross, “van a pasar el resto de sus vidas en prisión por crímenes que no cometieron.”
 
Una sola ejecución de inocentes por negligencia o mala aplicación de la justicia debería ser suficiente para reconsiderar la pertinencia de esta práctica.

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