¿Qué madre educó a los canallas?

Programa V, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, dentro de su Primera Temporada 2012, con el director huésped Román Revueltas, y Gianfranco Pappalardo, piano.

Recién celebrado el Día de la Madre en un país que todavía no se entera de que Freud anduvo por este mundo, y ya vueltos a la normalidad luego de tan fervorosas exaltaciones en una tierra, Estados Unidos (Mexicanos), donde abundan los machos desobligados, es hora de preguntarnos, sin deseos de ofender a  nadie y sin tampoco pretender agravio alguno a los hijos dóciles, de dónde diablos han salido, justamente, tantos y tantos individuos canallas, tantos hijos de puta –con perdón de la expresión sexista, vetusta y trasnochada—, tantos asesinos sanguinarios, tantos corruptos, tanta gente infame y tanto sujeto envilecido.

Digo, alguien los tuvo que educar, a los malnacidos que asolan nuestras comarcas, y, en caso de que alguna instrucción hayan recibido o de que cierta persona haya intentado inculcarles ciertos mínimos valores morales, o hasta vagamente espirituales, ese mentor no fue necesariamente un padre ausente, sino, miren ustedes, una madre tan presente como consintiente porque de otra manera no te explicas este estado de cosas.

La abnegada madrecita mexicana de las películas no sólo fabrica hombres maltratadores a granel sino, por lo que parece, se ha excedido tanto en los mimos, las tolerancias y complacencias que prodiga a sus hijos varones que han surgido ahora generaciones enteras de hombres enteramente disfuncionales e irresponsables, por no hablar de los sujetos violentos que comienzan maltratando a su propia progenitora, prosiguen la tarea con la mujer de turno, abusan luego de los hijos y terminan por cortarle la oreja al desconocido que tuvo el infortunio de caer en sus manos.

Lo que quiero decir es que, en esta cultura nuestra de adoraciones calendarizadas, la figura de la madre complaciente, la de esa mujer discriminadora que brinda un trato desigual a sus hijos favoreciendo arbitraria y abusivamente a los hombres en detrimento de las mujeres –y llevando a peligrosos extremos su incapacidad de ponerle límites a Su Majestad el Machito de la Casa— esa figura debiera ser sujeto de rendición de cuentas en vez de objeto de idolatrías acríticas. Los delincuente no nacen en probeta. Pues eso.

Román Revueltas Retes

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