“Podemos”: hemos movilizado las ilusiones

"Podemos": hemos movilizado las ilusiones

Pablo Iglesias, un joven profesor universitario, homónimo del líder histórico del PSOE, consiguió con su partido Podemos, de apenas unos cuatro meses de creado, casi 8 por ciento de los votos, un millón 245 mil 948 votos y cinco diputados en las elecciones europeas del pasado domingo 26 de mayo.

También en Grecia el partido de izquierda Syriza superó al gobernanteNueva Democracia, derechista. En Irlanda el Sinn Féin obtuvo 24.1% frente a 23% del Unionista.

Estos enormes avances de las izquierdas contrastan con las victorias de la ultraderecha en Francia, Inglaterra y en Alemania, donde hubo un auge de los “euroescépticos”.

La complejidad política europea tendrá que ser analizada especialmente; por ahora me interesa comentar algunos de los refrescantes rasgos dePodemos.

Articular los espacios de participación, dice Pablo Iglesias, ha sido y será una tarea del joven e insólito partido Podemos. Todo indica que esaarticulación se produjo en la votación como una de las expresiones delmovimiento 15M de los indignados. Ésa es precisamente la novedadprincipal de Podemos: articular lo social, la calle con lo político-electoral. Ésa es su aportación y también puede ser su limitación. En todo caso ledevuelve a la política una posibilidad de ser un instrumento para apostar a ir a por todas.

Provoca admiración y envidia la enorme didáctica del discurso dePodemos. Con gran precisión colocan sus demandas en el plano del cuestionamiento al modelo neoliberal, sin acudir al discurso defensivo y victimista, sino proponiendo medidas para frenar la voracidad de los ricos y mediante una redistribución viable de los que éstos derrochan: utilizar esa enorme riqueza para crear empleo, fortalecer los salarios y otras medidas semejantes.

En España hay una inmensa riqueza, es falso que no existan recursos. Lo que hace falta es hacer políticas que modifiquen la actual desigualdad, por un proceso de redistribución, lo que abre el camino de la superación de la crisis, afirman los chavos de Podemos con un lenguaje muy distante del que usan los quejumbrosos de unas izquierdas enchufadas o estatizantes y del nacionalismo aldeano en México.

Podemos exhibe con toda crudeza la impresentable cerrazón del sistema partidocrático mexicano. Bastó la voluntad de unos cuantos jóvenes para constituirse en partido y en unos cuantos meses convertirse en el fenómeno electoral al obtener 8 por ciento de la votación. No hay ninguna racionalidad para mantener el monopolio de la partidocracia mexicana, salvo los intereses de esta casta para mantenerse medrando con el erario y las instituciones estatales.

Si aquí se abriera el monopolio y se pudiesen registrar tantos partidos como la gente quisiera y los candidatos no estuviesen obligados a concurrir a través de la partidocracia, probablemente se hubiese podido expresar la creatividad y la imaginación de un movimiento como el #YoSoy132 en la coyuntura electoral de 2012 o la de la otra campaña en 2006.

Podemos muestra que la condena moralina de la política solo le sirve al conservadurismo. Son jóvenes, en México los líderes morales son octogenarios y sus críticos rebasan los 60 años.

JOEL ORTEGA JUÁREZ

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