Mentiras

Mentiras

El 22 de noviembre hará medio siglo del asesinato de John Kennedy. En 1983, el 20º aniversario, hice para EL PAÍS el reportaje más difícil de mi vida. Debo de ser la única española que se ha leído las miles de páginas del infumable informe Warren, la investigación oficial. También viajé a Dallas y entrevisté a muchas personas, entre ellas a John Connally, el gobernador que iba en el coche junto al presidente y que también fue herido, y a Marina Oswald, la viuda del supuesto asesino. Y digo supuesto porque terminé el reportaje con el convencimiento de que había habido una conspiración y una manipulación clamorosa de las pruebas.

No soy nada proclive a las teorías conspiratorias de la vida.

Creo que son tan irreales como los cuentos de hadas, porque los humanos somos unos chapuzas irremediables incapaces de montar bien un megacomplot. Y eso es lo que ha sucedido con el caso Kennedy: que está fatal montado y tan lleno de hechos demenciales (como la desaparición del cerebro de Kennedy en el hospital) que la versión oficial siempre fue puesta en duda. Un periodista de The New York Times, Shenon, acaba de publicar un libro que parece ser demoledor en la demostración de las incongruencias. Ya se sabe lo que decía Lincoln: “Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Pero, entonces, ¿qué pasa en casos como el de Kennedy? Cincuenta años, ¿no son ya “todo el tiempo”? ¿Por qué sigue triunfando la manipulación? Pues quizá porque sucede como enRashomon, la película de Kurosava: que todos son culpables de algún modo. O sea, la mentira se mantiene no porque el engaño esté bien hecho, sino porque a casi nadie le interesa la verdad. Por una corrupción generalizada. Es una reflexión desoladora. Y algo que también podemos ver en nuestro país.

Rosa Montero/http://elpais.com

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