Cuanto más rojos los labios, más profunda la crísis

Entrar en un bar y observar que cada vez más mujeres llevan los labios pintados de rojo puede ser señal de que algo va mal. El índice del pintalabios apunta que en épocas de crisis se incrementan las ventas de estos cosméticos, sobre todo, en tonos rojizos. Peor momento económico, más rojo en los labios.

Cuanto más rojos los labios, más profunda la crísis

Fue en 2001 cuando Leonard Lauder, director de Estée Lauder, acuñó este original marcador. Tras los ataques del 11 de septiembre y la posterior crisis que se vivió en el país, el ejecutivo señaló que su compañía había incrementado las ventas de barras de labios, sobre todo, de color rojo. La conclusión era que en momentos de crisis, se genera un mayor interés por estos pequeños productos que sirven para cambiar el look de la mujer, pero que no suponen un desembolso tan importante como pueden serlo artículos de mayor valor como un bolso o unos zapatos.

Es obvio que no estamos ante indicadores tan ortodoxos como las cifras empirícas del PIB -el producto interior bruto que mide los bienes y servicios que se han producido dentro de un país- o la inflación (que sentencia cuánto ha subido o bajado la cesta de la compra), pero todo cuenta. Aunque algunos expertos apuntan que sirven para formarse una idea de la evolución del mercado, otros no lo tienen tan claro.

Los pintalabios no son el único indicador estético de la economía. El largo de las faldas, el alto de los tacones o las ventas de corbatas también cuentan a la hora de observar el ciclo económico en el que nos encontramos. En los años 20, el economista George Taylor ligó el largo de los vestidos con la evolución de la Bolsa. Su conclusión era que los mercados eran alcistas cuando las mujeres enseñaban las rodillas.

Una tendencia que se produjo en esa década, ya que, durante los felices años 20 se acortaron las faldas. Sin embargo, tras el crack de 1929 el largo volvió a bajar de los tobillos. No es el único momento en el que se cumple esta correlación. Las minifaldas eran tendencia en los 60, pero se alargaron en los 70 mientras el mundo vivía la crisis del petróleo. Sin embargo, las tendencias vertiginosas actuales, junto con cambios constantes dentro incluso de la misma temporada han hecho que este indicador sea cada vez menos preciso. Habría que ver qué diría Taylor de las faldas asimétricas.

Y junto con el largo de la falda, otros expertos hablaban de la altura de los tacones. En momentos de crisis económicas, los stilettos crecen buscando que la mujer destaque entre sus rivales y que su presencia se vuelva reconocida en el trabajo. Sociología combinada con economía que señala la necesidad de destacar dentro de entornos hostiles para no perder el puesto de trabajo. Si hay que tener en cuenta este indicador, parece que en la Casa Blanca no debe tener ninguna crisis a tenor de los tacones bajos que suele lucir Michelle Obama.

Cuanto más rojos los labios, más profunda la crísis

No solo la moda de mujer ha servido para explicar lo que ocurre en el mundo, las ventas de corbatas o de ropa interior masculina también han hecho reflexionar a los economistas sobre la relación entre moda y ciclo económico. Si el momento es malo, las ventas de estos productos se reducen.Una tendencia que tiene sentido, ya que, en momentos de necesidad se recorta de donde se puede, o de donde menos se nota. Así que, quizá bajo trajes de raya diplomática se esconda más de un calzoncillo remendado. Esta relación tiene también que ver con un indicador más tradicional, las ventas minoristas. Durante lo que llevamos de crisis en España, esta cifra que muestra las ventas en comercios, grandes superficies y tiendas de barrio encadena 35 meses de descensos.


Texto: Marta Garijo
Fotos: Doll Jones y The White House y bajo licencia Creative Commons

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