Toros, ¿cultura o tortura?

Toros, ¿cultura o tortura?

Por: Antonio Lorca

Hace unos días, Canal Sur Televisión organizó un debate titulado ‘¿Cultura o tortura?’, referido a las corridas de toros. Entre los antis, una profesora de instituto, una portavoz del Partido Animalista y un antropólogo; entre los defensores, el director del programa ‘Toros para todos’, de la cadena andaluza, el diestro José Luis Moreno y un expolítico municipal. Y el resultado, un auténtico bochorno.

El moderador no supo o no pudo cumplir con su labor, y aquello quedó reducido a un gritón corral de vecinos, que produjo más sonrojo que interés. Personalmente, sentí un rechazo incontrolable al comprobar que, una vez más, una agria y vacía discusión sobre los toros hacía un flaco favor a la fiesta.

 Para empezar, dio la impresión de que solo la portavoz de los animalistas había preparado el debate. Los demás se presentaron allí ‘chungos’ de papeles, con esa actitud tan jactanciosa como española de ‘esto es pan comido para mí’. Los de enfrente -los antis, se entiende- acudieron a los conocidos argumentos del maltrato, la tortura y las dichosas subvenciones. ¿Y los taurinos? A excepción del torero cordobés, callado, comedido y sensato, los taurinos prefirieron interrumpir a todo el que osaba abrir la boca, abusar de tópicos y hacer gala de una absurda prepotencia inexplicable en personas inteligentes.

Total, que lo quedó claro es que los ‘taurinos’ carecían de argumentos contundentes para defender la fiesta de los ataques inmisericordes de los contrarios; y algo más: que los aficionados solemos confundir nuestro amor a la tauromaquia con una actitud apasionada que raya en la falta de educación.

Quedó claro, además, que los debates sobre la existencia de los toros en el siglo XXI son inútiles y vanos. La sociedad actual es más sensible, ha humanizado a los animales por la persistente influencia de Walt Disney, y una parte de ella considera que el ritual taurino es patrimonio de un grupo de morbosos desalmados que goza con el sufrimiento de los toros. Y esta opinión la tienen, primero, porque les asiste un perfecto derecho para ello; segundo, porque el toreo es un misterio y no es fácil descubrirlo en un espectáculo cruento; tercero, porque se empeñan en no conocer la vida del toro bravo; y porque ‘se equivocan creyendo -en palabras de Vargas Llosa- que la fiesta es un puro ejercicio de maldad en el que unas masas irracionales vuelcan un odio atávico sobre la bestia’. Pero hay más: hay quien considera la fiesta una tortura y se empecina en no reconocer que el toro bravo ha nacido para la lucha, del mismo modo que la gallina para poner huevos y hacer un buen caldo, o el cerdo para deleitarnos con un buen jamón. ¿Acaso -el argumento es de Fernando Savater- alguien ha preguntado a la gallina si desea vivir estabulada y hervir en la olla, o al cerdo que lo cuelguen de un pincho cuando está gozando en la montonera?

 ‘Entiendo el toreo como una caricia’, decía hace algún tiempo Curro Romero. ‘Y hacer feliz a la gente con mi toreo’, añadía. ¿Quién es capaz de afirmar que Curro ha sido un torturador de toros, un amante de la violencia contra los animales, que ha cimentado su gloria en los estertores agónicos de uno de los seres vivos más bellos de la naturaleza?

A pesar de todo, cada cual seguirá pensando lo que su educación y sensibilidad le dicte. Pero no hay que reñir por ello, ni interrumpir, ni dejarse envolver por la soberbia del supuesto entendido. Basta con defender la cultura del toro y la libertad de elección.

Por cierto, que nadie crea ver en estas letras una crítica al compañero que dirige ‘Toros para todos’. Allá los cainitas con sus conciencias. Es un periodista muy respetable que desarrolla una magnífica labor de divulgación del toro bravo desde la pantalla de Canal Sur. Solo tuvo un mal día, como cualquiera. Quizá, un exceso de confianza en sus muchos conocimientos. Le honra, no obstante, que, al final, pidiera perdón por su apasionada defensa del toro, que, por momentos, le hizo perder la razón.

Por cierto, ¿cultura o tortura? A mí también me repugna la sangre y el sufrimiento ajeno; y no creo que pertenezca por mi afición a un grupo de enfermos morbosos. Por el contrario, me siguen conmoviendo un animal bravo y un héroe artista. Rechazo todo tipo de violencia del mismo modo que me emocionan la gracia y el sentimiento de un torero y la raza y la casta de un toro. Y nada puedo hacer por evitarlo…

http://blogs.elpais.com/toros

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