Mejor digan la verdad

Mejor digan la verdad

Me parece una burla que nos quieran vender el impuesto a las bebidas azucaradas y a la comida chatarra como una estrategia para combatir la obesidad.

Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Mejor digan la verdad: este gobierno, con tal de juntar más dinero, propone lo primero que se le ocurre y, a falta de argumentos y como se ve muy bien que lo diga, se agarró a los gordos como pretexto.

A ver, ¿quién va a ser el valiente que se oponga? ¿Quién va a ser el cuerdo que diga que está a favor de la obesidad?Y, claro, mañana se van a inventar un impuesto especial para los barbones, y pasado, otro para las familias que tengan más de dos hijos.

Estamos como en la época de La Colonia, cuando, en la cúspide del descaro, las autoridades le pusieron un impuesto a la gente por cada ventana que tuvieran en sus casas.

¿Por qué nadie dice nada? ¿Por qué esto se tiene que quedar en un vergonzoso conflicto entre industrias como la refresquera y el gobierno, cuando, en realidad, es algo que nos afecta a todos?

¿Por qué?

Si le ponen un impuesto especial a los refrescos con el pretexto de que engordan, ¿qué le va a impedir a nuestros queridos gobernantes hacer lo mismo con la tortilla, el pan o el aceite?

También engordan, ¿no?

¿Qué le va a impedir subir el precio del transporte con la excusa de que es para que nos pongamos a caminar porque eso va a ser bueno para la salud?

El tema, insisto, no es la obesidad. El tema es el caos, que se nota que las cosas se están haciendo mal, que no existe un proyecto real, que aquí alguien está jugando a cobrar por cobrar y, lo peor de todo, a cobrarle al que se deje.

Estos señores están cometiendo un error gravísimo. Se están metiendo con uno de los aspectos más sagrados de la vida de cualquier persona. Se están metiendo con nuestro dinero.

¿Por qué no lo pueden hacer bien? ¿Por qué no son claros en sus propuestas? ¿

Por qué no nos garantizan que todo ese dinero que nos van a sacar, no lo va a despilfarrar algún gobernador corrupto o que no terminará en el regalo de cumpleaños de alguna comunicadora sensacionalista?

No sé qué piense usted pero yo tengo la impresión de que nuestra autoridad tiene demasiada prisa por cobrarnos más impuestos.

¿Por qué están tan acelerados? ¿Acaso hay algo que no nos han dicho? ¿Acaso el país está tan mal que si no nos explotan nos vamos a ir todos al precipicio?

Y si es así, ¿por qué no nos lo dicen? Tal vez la actitud sería otra. Tal vez todos nos moveríamos en otro sentido. Tal vez, ellos mismos harían menos el ridículo.

¿O qué? ¿A usted no le da pena escuchar a nuestros políticos tratando de definir lo que es y lo que no es la comida chatarra o las diferencias entre las bebidas azucaradas y las endulzadas, cuando a leguas se les nota que no tienen ni la más remota idea de lo que están diciendo?

¿A usted no se le quiere caer la cara de vergüenza cuando estos servidores públicos se ponen a hablar de obesidad como si en verdad llevaran toda la vida preocupados por nuestro peso?

¡Y luego no falta el que les sigue la corriente! No, por favor. Si vamos a discutir sobre la obesidad, hagámoslo como se debe hacer.

¿Y cómo es eso? Para empezar, sin dinero de por medio y entendiendo el tema.

El origen de la obesidad no es uno solo, son muchos, y combatir esto no es como quitarse un grano utilizando los productos milagro que anuncian en la tele.

La lucha contra la obesidad (y contra la desnutrición) es un asunto complicado que toma mucho tiempo y que no termina cuando uno llega a un peso meta o a un índice de masa corporal. Es para toda la vida.

¿Y qué tiene eso que ver con los refrescos? Nada. Usted puede tener una obesidad mórbida y, a lo mejor, ni siquiera toma refrescos. ¿Entonces?

Mire, tan sencillo como esto. ¿Dónde está el estudio que determina que, aplicándole un impuesto especial a las bebidas azucaradas, México dejará de ser un país de gordos?

¿Dónde dice cuánto vamos a adelgazar en un año gracias a este impuesto? ¿Quién se está encargando de medir el antes y el después? ¿Cuál es la meta a la que se pretende llegar?

Por eso le digo, me parece una burla todo esto que está pasando, un abuso, un acto de improvisación que le podría costar tan caro a este gobierno como, al anterior, la guerra contra el crimen organizado. ¿A poco no?

Alvaro Cueva/mileniodiario

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