El ‘show’ de los anarquistas

El 'show' de los anarquistas

Obviamente estoy tristísimo por todo lo que sucedió la tarde del 2 de octubre en las calles de la Ciudad de México.

¿Qué? Lo que usted ha visto hasta el cansancio en las noticias: golpes entre policías y manifestantes, bombas molotov, explosiones.

¿Y por qué estoy tristísimo? Porque eso no es México, pero es la imagen que ahora México le está dando al mundo.

Porque ésa es una escena que se está repitiendo demasiado, porque impidió que la matanza de Tlatelolco se recordara como se tenía que recordar, porque nos desvió de los grande temas nacionales y porque puso otros en la agenda.

No hay manera de decir: ¡Qué padre! ¡Mira, se están expresando! ¡Qué chavos tan valientes! ¡Qué policías tan admirables!

¡Pues claro que no! Y yo creo que ése es el punto, que a fuerza de tanto ver esta clase de imágenes, de tanto estar padeciendo las marchas y los bloqueos, usted y yo acabemos hartos.

¿Y qué es lo que vamos a decir cuando estemos hartos? Lo que muchas personas ya están diciendo: ¡Mátenlos! Que venga otro Díaz Ordaz y que acabe con ellos.

¿Se da cuenta? Hoy, a 45 años del 2 de octubre de 1968, en lugar de haber aprendido la lección y de mirar la represión como una pesadilla, estamos considerándola como una solución.

¿Qué es lo que hay detrás de esta historia que, a su vez, se liga a una larga lista de historias como las de los supuestos maestros, la de la UNAM, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el Zócalo y las del día en que tomó posesión Enrique Peña Nieto?

Yo no me trago el cuento de que, súbitamente, por ahí aparecieron unos tipos nombrados o autonombrados anarquistas y que son muy malos y que nada ni nadie los puede detener.

Tampoco este asunto de que ahora todas las marchas son malditas, de que los que marchan son unos holgazanes, de que los que protestan están contra la ciudadanía y de que hay que acabar, reprimir o legislar esto para que nadie salga afectado, para que no se noten.

Para mí, aquí hay dos temas: el primero, la transformación de las marchas en películas de guerra y, el segundo, una clara, muy clara, campaña de desprestigio contra todo lo que tenga que ver con manifestaciones y protestas en este país.

Es como si el gran objetivo de todo esto que estamos viviendo, desde el 1 de diciembre de 2012, fuera una invitación a la dictadura, a la búsqueda de un Estado donde, a fuerza de haber visto tantos horrores, ya nadie diga, ya nadie se queje de nada.

¿Y todo para qué? Para que las calles se vean bonitas, para que las clases pudientes puedan manejar sus automóviles y viajar en sus aviones, para que todo parezca perfecto, ideal.

¿Quién está detrás de los supuestos anarquistas? ¿Quién les paga? ¿Quién los organiza? ¿Quién los capacita?

¿Por qué comenzaron a operar justo en el momento en que Felipe Calderón dejó la Presidencia y no antes?

Si fueran perredistas contra el presidente Peña Nieto y a favor de figuras como Andrés Manuel López Obrador, las acciones hubieran sido otras, como los plantones de 2006.

¿De qué se trata? ¿De echarle a perder el sexenio al PRI o de favorecer al PRI convirtiéndolo en mártir y, luego, justificándole cualquier cosa, desde el más elemental control mediático hasta los más rudos actos de represión?

¿A quién beneficia todo lo que está pasando? No es a las izquierdas porque, casualmente, el hombre más atacado del momento es Miguel Ángel Mancera.

A fuerza de tanto estar oyéndolo en radio y de tanto estar viéndolo en televisión, es rara la persona que no le esté exigiendo que se convierta en tirano precisamente para que cometa un error.

¿No será al PAN? Digo, ellos, que mis tiempos de estudiante eran los campeones de las marchas y los plantones, ahora están como muy dispuestos a hacerle el caldo gordo a la autoridad y hasta están proponiendo leyes para reprimir todavía más todo esto.

¿No será el mismo PRI? Mire, sea quien sea, aquí hay muchas cosas que no nos están diciendo, que nos confunden y que no nos merecemos.

Las marchas no son malas. Si se dan, es por algo. La violencia no es un acto de protesta, es la manifestación de un mensaje y si no me cree, acuérdese del sexenio de violencia de Felipe Calderón.

¿Cuál es el mensaje de

escenas como las del 2 de octubre de este año? ¿Por qué las estamos viendo? ¿Para qué?

Alvaro Cueva/http://www.milenio.com

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