DE MALINCHISMO, ETNOCENTRISMO, CHOVINISMO Y ESTUPIDECES SIMILARES

DE MALINCHISMO, ETNOCENTRISMO, CHOVINISMO Y ESTUPIDECES SIMILARES

Preferir lo extranjero, por el simple hecho de que sea extranjero, es tan estúpido o irracional como preferir lo nacional, por el simple hecho de que es nacional. Pero finalmente el llamado malinchismo no es más que la otra cara de una moneda llamada nacionalismo, ambos lados responden a intereses ideológicos, económicos y políticos, y ninguno tiene nada que ver con la realidad.

El malinchismo como fenómeno, habla también de los traumas que tenemos como pueblo, y de los lastres que cargamos. En México vivimos de la ceguera nacionalista; ese mito importado de Europa ha sido el constante discurso legitimador y sometedor desde esa guerra civil, mal llamada revolución, hasta el día de hoy. Vaya, es tal el peso del mito y el trauma nacionalista que nosotros los mexicanos tenemos le orgullo de ser los que acuñamos el término malinchismo, para que en todo el mundo hispano se refieran a la preferencia por lo extranjero.

Tanto miedo nos da lo extranjero, que hasta inventamos una palabra para vilipendiar al que no comparte este odio y temor: malinchismo. Lo más parecido que existía en nuestra lengua, antes de la aparición de los traumas mexicanos, para referirse a algo similar, eran el etnocentrimo y la etnofobia, o la xenofobia y el xenocentrsimo. Todos estos términos son igual de inútiles, irracionales y estúpidos que el malinchismo.

Etnocéntrico es el que gira en torno a lo propio, a lo de adentro, a lo que considera lo suyo en términos étnicos, raciales o culturales; mientras que el etnofóbico es, evidentemente, el que desprecia lo propio; lo cual lo hace xenocéntrico o malinchista; es decir, preferir lo que consideramos como externo, ajeno, de fuera. Si por el contrario, se desprecia todo lo extranjero por ese simple hecho, uno es xenofóbico…, o como quien dice, un chovinsta, un ente con pensamiento mitómano, irracional y medio esquizoide, que sólo entiende de discursos nacionalistas. En México les decimos patrioteros.

Todos estos personajes o estas ideas parten de la irracionalidad, pues son tan sólo parte de discursos ideológicos muy sesgados; y además son conceptos que sólo sirven para la discriminación, el odio, la segregación y la división. Todas son creencias limitantes…, como todos los sistemas de creencias.

Para poder mantener el mito nacionalista o etnocéntrico, y ya que la mente humana siempre piensa en contradicciones; necesitamos la contraparte que es el malinchismo o xenocentrismo. Da lo mismo, en ambas caras de esta misma moneda se parte de estar a favor o en contra de lo propio, de lo nuestro, lo de adentro, nuestra raza, lengua y cultura.

Ahí están los límites: se nos enseña que hay cosas que son nuestras y cosas que no lo son, se nos educa para pensar que el individuo pertenece a la nación, cuando el individuo es una realidad y la nación es una abstracción. Se nos instruye a valorar algo a lo que llaman “nuestra cultura”, conformada por una serie de ideas y tradiciones que nunca son nuestras; sino una herencia del pasado, una herencia a la que aparentemente debemos estar encadenados.

El mito nacionalista, basado en la estúpida idea de que una lengua, y una supuesta raza, es superior a otra, es un invento europeo que se extendió por el mundo como casi todos los tipos de cáncer: aniquilando. Comenzó a nacer lentamente en el siglo XVI, fue el centro de la política y la cultura en el XIX y llegó a sus más destructivos extremos en el siglo XX: los fascismos y el nazismo no fueron la ocurrencia de unos locos, fueron en el resultado ineludible del pensamiento nacionalista.

Antes, las masas eran movidas con discursos religiosos; el nacionalismo, que no es más que una religión secular controlada por el Estado, fue el sustituto moderno. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, gracias a los nazis, el nacionalismo como discurso ideológico pasó  a ser mal visto, además de que la nueva economía global necesitaba mitos supra nacionalistas. Pero como a América Latina todo llega tarde, aquí comenzamos a exaltar el nacionalismo cuando en el Viejo Mundo ya estaba siendo desmantelado.

Además en México también está el factor ideológico propio; desde Lázaro Cárdenas se comenzó a construir un nacionalismo revolucionario como base de la identidad nacional; y parte de este discurso dice que los mexicanos somos descendientes de los aztecas, y que fuimos arteramente conquistados, sometidos y saqueados por los españoles. Ser un buen mexicano era odiar a todo extranjero como potencial conquistador; ahí es cuando la Malinche fue un símbolo perfecto.

Además, mientras el mundo se globalizaba a nosotros nos dio por una economía de fronteras cerradas a la que llamamos “sustitución de importaciones” que acompañaba al mito de México como país autosuficiente, capaz de producir adentro todo aquello que podría comprarse fuera. Con una economía nacionalista con la mirada puesta en el pasado, era importante tener un muy buen y profundo improperio para designar a todo aquel mal mexicano que prefiriera las cosas mejor hechas en otros países: nació el malinchismo y los malinchistas, estrategia para reforzar el nacionalismo recalcitrante que tanto daña a los mexicanos incluso en el siglo XXI.

Lo más estúpido del malinchismo tiene que ver con la manera mentirosa y traumática en que se nos enseña historia. A pesar de ser el mayor país hispanohablante del mundo, nos aleccionan para renegar de nuestra hispanidad y mentarle la madre al español en español, y a pensar y decir en español que no tenemos nada que ver con esos desgraciados españoles.

Se nos cuenta que la Malinche prefirió al español en vez de optar por lo nuestro …, pero si miramos a nuestro alrededor, a ver nuestra lengua, nuestra religión, nuestras tradiciones y costumbres, nuestras ideas, nuestra gastronomía, las ciudades coloniales…, veremos lo español por todos lados, como fundamento negado de nuestra identidad. Siendo así, y con México como un país conformado por elementos de casi todo el mundo, no se puede ser malinchista sin ser un tanto nacionalista. En realidad deberíamos dejar de ser las dos cosas.

https://www.google.com.mx/#q=la+caverna+de+zunzu

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