Llueve y llueve y llueve y…

Llueve y llueve y llueve y...

Llueve, llueve y llueve, es lo primero que al cronista se le ocurre teclear en un intento de agotar el verbo llover, a ver si así logra vencerlo, pero sabe que la lluvia, asesorada desde hace mucho por el cómplice cambio climático, está en plan invencible; y el cronista está triste de saber que en gran parte del país hay mucha pobre gente atrapada y no poca gente ahogada en los ríos “salidos de madre” (es decir desbordantes de sus cauces) y que las calles se vuelven arroyos o se encharquecen, las avenidas se hacen ríos, las plazas espejean como lagunas de agua engañosamente tranquila, los poblados y las ciudades se inundan, el agua se arremolina, se enfurece, desarraiga árboles, traga automóviles, rompe puertas y asalta casas y se roba mobiliarios y enseres…y… y…y…

El cronista ve llover desde la ventana de un cuarto piso, y, triste consuelo, o quizá conjuro, pergeña un juego de palabras infantil: “Yo, viendo como está lloviendo”, y recuerda que quizá el primer poema en francés que conoció (y eso ocurría siendo él muy niño en Bruselas, ciudad a la cual recuerda siempre llovida) fue uno muy famoso del poeta Paul Verlaine que comienza: “Il pleure dans mon coeur/ comme il pleut sur la ville./ Quelle est cette langueur/ qui pénétre mon coeur?”, lo cual, traducido a la prosa española que se pueda, dice: “Se llora en mi corazón/ como llueve sobre la ciudad./ ¿Qué es esta languidez/ que me invade el corazón?”. Y el cronista recuerda también que el filósofo José Ortega y Gasset escribía que la lluvia nos devuelve a los citadinos a un pasado primitivo y diluvioso, a tiempos en que éramos todavía animales lacustres. Y pues crece la melancolía y afloja el ánimo, el cronista se sacude el cuerpo tratando de reanimarse para terminar de teclear su columna, y recurre a una cancioncilla alegre de Cri-Cri: “¡Llueve, llueve,/ cómo llueve!/ Las gotitas, ¡dan din don!,/ van diciendo su canción”. ¡Vanas esperanzas! Tláloc, dios descontinuado por la mitología cristiana, pero nunca domado por ésta, se recicla, se pone insurrecto y llueve y llueve y llueve en monótonos y tercos adverbios:

Tenazmente, implacablemente, asesinamente.

José de la Colina/http://www.milenio.com

Fotofrafia de: Giacomo – Regenbild – Rain Picture, 1985
Quint Buchholz

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