Hitler, el arma favorita de EU

Hitler, el arma favorita de EU

Weltanschauung es una voz alemana que significa “una actitud ante la vida”. Hitler la usó como bandera en su discurso como nuevo líder de los nazis la mañana del 5 de septiembre de 1933 cuando advirtió que esemodo duraría un milenio, como documenta Michael J. Thornton en su libroEl nazismo 1918-1945 (Orbis 1985). Doce años y 50 millones de vidas después, su régimen pasó a la historia.

Desde entonces, Hitler, el nazismo y el Holocausto han sido referencia para la condena de actos discriminatorios, genocidios y regímenes totalitarios. La propia política israelí, cuyo pueblo fue el principal blanco de la pretendida supremacía aria, recibe impugnaciones internacionales de quienes sostienen, con base en una resolución desatendida de la ONU, el derecho palestino a erigir un Estado con capital en Jerusalén.

Pero el calamitoso legado nazi también ha resultado un argumento, que empieza a desgastarse, de los políticos en Washington, ya sea en el Capitolio, ya sea en la Casa Blanca, ya sea en el Pentágono, republicanos y demócratas, para justificar ese arraigado empeño intervencionista. Se ha convertido, pues, en su versión de weltanschauung.

Un puntual recuento de la revista Time muestra esta “actitud ante la vida” a propósito de la decisión de Barack Obama, premio Nobel de la Paz y presidente estadunidense, de “consultar” al Congreso para lanzar una ofensiva contra el régimen sirio por la certeza de que perpetró un ataque con gas sarín sobre la población.

John Kerry, secretario de Estado, habló así ante senadores el 3 de septiembre: “El gas sarín fue usado por Hitler contra los judíos; fue usado por Sadam Husein contra iraníes y su propio pueblo; y ahora fue usado por Bashar Assad. Tres personas en toda la historia. Y si Estados Unidos, sabiéndolo, no está dispuesto a confrontar la situación, la certeza de que esa arma proliferará es absoluta”.

La retórica basada en la asociación Hitler-maldad, qué duda cabe, asegura popularidad.

Cuando George Bush padre preparaba la Guerra del Golfo, en 1990, anunció que venía una “dramática operación” debido a que las fuerzas de Husein habían cometido horribles actos de barbarie y estaban usando a estadunidenses como escudos humanos cerca de eventuales blancos militares, “brutalidad en la que ni Hitler hubiera participado”.

Bush júnior, en 2006, expuso ante una asociación de oficiales del Ejército con motivo del quinto aniversario del 11-S: “Hay que mantener la guerra en Irak. El mundo desoyó las palabras de Hitler y pagó el precio. Bin Laden y sus aliados terroristas han dejado claras sus intenciones, tanto como Lenin y Hitler en su momento. La pregunta es si los vamos a escuchar, si pondremos atención a lo que dicen estos malvados hombres”.

Un año antes, cita Time, el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, comparó a Hugo Chávez con Hitler porque ambos, electos por la vía legal, consolidaron peligrosamente su poder. El venezolano respondió entonces que el dictador alemán sería un bebé de pecho frente a Bush júnior.

El maniqueísmo, llamado así por su impulsor, el persa Manes, era dualista y atribuía la creación a dos principios antagónicos: Dios, el bien, el espíritu o la luz, y el Diablo, el mal, la materia u oscuridad, define Mauricio Beuchot en su Historia de la filosofía medieval (FCE Breviarios 2013). Qué familiar resulta el concepto cuando suenan los tambores de guerra estadunidenses, sin restar importancia, por supuesto, a las atrocidades de personajes como Hitler, Stalin, Mao, Husein…

Alfredo C. Villeda/http://www.milenio.com

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