Desnudos bajo la tormenta

Desnudos bajo la tormenta

En los helados países nórdicos suelen decir: “No hay ‘mal clima’; si tienes frío, es que estás mal equipado”.

Los resultados devastadores de Ingrid y Manuel en nuestro país, los 500 mil damnificados, los 500 municipios afectados en 24 entidades, los 123 muertos localizados hasta ahora, las 59 mil personas desplazadas —de las cuales 39 mil están en albergues—, los que se quedaron sepultados bajo el lodo, las 52 mil viviendas destruidas, el desbordamiento de ríos y de arroyos, las miles de familias que lo perdieron todo, las 72 carreteras dañadas, las 613 mil hectáreas de cultivos perdidos… ponen en evidencia, junto con la pobreza, la vulnerabilidad de nuestro equipo ante los estragos del cambio climático. Pero también, las consecuencias de la corrupción y de la voracidad económica de unos cuantos y la urgencia de darle a la cultura ambiental el lugar que amerita en nuestras prioridades.

Los expertos han advertido que en 60 años México perdió 50 por ciento de sus humedales y que, de seguir con ese ritmo de destrucción, en tres lustros desaparecerá la mitad de sus manglares, en 50 años sus selvas y en cien años sus bosques, que han sido parte fundamental de nuestro equipo para no quedarnos desprotegidos frente al acelerado cambio climático que tiene, en la frecuencia de los huracanes y la erosión de la tierra, dos de sus formas de expresión.

Y no es que México carezca de políticas en materia ambiental, sino que no se aplican, como señala Julia Carabias (La Jornada, 24/09/13), quien, como Juan Pablo Becerra-Acosta en estas páginas, menciona un atlas de riesgo que no se ha actualizado, un ordenamiento ecológico del territorio nacional, instrumentos de impacto ambiental “que resultan estorbosos para los promotores de proyectos de desarrollo, más que una ayuda para planear las cosas de manera correcta”, y la Estrategia Nacional de Cambio Climático. Ésta incluye un capítulo de adaptación que debe considerarse en las labores de reconstrucción para no repetir los errores.

Es la naturaleza nuestra gran aliada, con sus humedales, sus bosques, su biodiversidad… para protegernos del efecto invernadero, de las inundaciones, de las sequías y las heladas. Pero hay que escucharla, promover la cultura ambiental, tan marginada en los debates, y aprender a adaptarnos a los cambios, o a mitigarlos, con un equipamiento ético en el que la voracidad ceda su lugar al desarrollo sustentable y el confort de unos pocos, al bienestar de muchos.

La economía verde es posible. Martha Isabel Ruiz Corzo, directora del Grupo Ecológico Sierra Gorda de Querétaro, recibió hace unos días en Nueva York el Premio Campeones de la Tierra, de la ONU. Durante más de 25 años de trabajo, con 600 comunidades que habitan esa reserva de la biósfera, sus proyectos educativos y de conservación han permitido la regeneración de 13 mil hectáreas de bosque y de especies amenazadas, así como la generación de ingresos con programas sustentables como el ecoturismo o el manejo de desechos.

“Busco levantar una ola de amor para el planeta”, dice Ruiz Corzo. Y hay que dejarnos tocar, para no quedarnos desnudos bajo la tormenta.

Adriana Malvido/http://www.milenio.com

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